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miércoles, 10 de enero de 2018

"MI VIDA ENTRE CANCIONES". CAPÍTULO 15.



Durante los años en que estuve publicando mis crónicas sobre la «canción popular» en Saeta Azul y Noticias Obreras, continué dando clases en el colegio Aula Nueva y seguí pensando e investigando sobre la ya mencionada relación, ya ni sé cuantas veces repetida, entre la canción y la pedagogía. Evidentemente, es un claro empeño que me ha acompañado siempre y que hoy sigue latente en lo que mi buen amigo Antonio Fernández Ferrer, uno de los fundadores del colectivo Manifiesto Canción del Sur, llama, cariñosamente, mi «empecinamiento».

A finales de 1979 se produjeron dos acontecimientos muy importantes en mi vida. Por una parte, conocer personalmente a Paulo Freire y tener la oportunidad de escudriñar con él su pensamiento pedagógico; y, por otra, empezar a dar clases en la Escuela de Magisterio ESCUNI de Madrid. Dos acontecimientos que se fundieron de inmediato y que dieron origen a la publicación de mi segundo libro, Música, canción y pedagogía.


Poco antes de empezar el curso académico 1979-1980, Dolores María Álvarez, directora de ESCUNI, me propuso impartir clases en la Escuela de Magisterio con el fin de hacerles llegar a los futuros maestros mis inquietudes y experiencias sobre la posibilidad de incorporar la «canción de autor» en las aulas y en las programaciones educativas. 

Por supuesto, la propuesta me encantó, la acepté y estuve dando clases en ESCUNI hasta 1988. Recordar a Dolores María, que ya se nos fue, me causa una serena emoción; ella ha sido una persona importante en mi vida profesional, sobre todo porque siempre confió en mis proyectos e hizo todo lo posible por impulsarlos. Además, nos unió una gran amistad. Sencillamente nos quisimos.

Justo en aquel momento, en el verano de 1979 (¡qué casualidad!), yo estaba replanteándome todo y creando un nuevo proyecto educativo incidiendo de nuevo en la necesidad de que la «canción de autor» entrara en las aulas. Proyecto al que decidí llamar «Sinfonía pedagógica en tres tiempos». «Este nombre», comentaría meses después, «surgió como una especie de broma entre amigos. Ahora me resulta familiar, me gusta y creo que traduce el contenido de lo que quiero expresar. Es un proyecto que desde que lo empecé a poner en marcha me produjo la sensación de estar inmerso en una especie de apasionante sinfonía liberadora».

Por entonces, acababa de conocer en persona a Freire y de «reempaparme» de su pensamiento. A la vez, me sentía muy impactado por la reciente lectura del libro Percepción y creatividad, de Óscar Oñativia. 


Con Paulo Freire en la presentación
del libro "Música, canción y pedagogía".
Inmerso en ese espléndido conjunto de referencias, aquel verano retomé el proceso «ver, juzgar y actuar» descubierto en los años sesenta en la obra Revisión de vida de Albet Marechal (que siempre ha sido para mí como una brújula), y lo modifiqué en tres nuevos tiempos: «percibir de forma creadora», «interiorizar críticamente» y «comprometer en la acción toda nuestra realidad corporal»; tres tiempos que, al entrar en relación con la música y la «canción de autor», se armonizaron para dar origen a una auténtica «sinfonía».

Cuando Dolores María me hizo su propuesta de trabajar en la Escuela de Magisterio le sugerí la posibilidad de crear una asignatura optativa que podría llamarse «Música, canción y pedagogía» en la que se presentara y se pusiera en práctica mi recién creada «Sinfonía pedagógica en tres tiempos». A Dolores le gustó el proyecto y, en septiembre, junto a otras asignaturas de libre elección, presentamos mi optativa al alumnado de segundo curso. 

Recuerdo que, desde aquel año que dejé ESCUNI en 1988, «Música, canción y pedagogía» se convirtió en la optativa más elegida. Siempre se cubrió el cupo de matriculación el primer día, en cuanto se abría la posibilidad de que los alumnos realizaran su elección entre las optativas propuestas.

La experiencia vivida aquel primer año con los futuros maestros fue extraordinaria, ¡cómo pude disfrutar y cuánto lo hicimos! Fueron muchas horas de percibir e interiorizar muchas canciones juntos, de comunicamos en torno a lo que aquellas canciones nos hacían sentir. Horas de sensibilidad compartida que no solo tenían una proyección pedagógica, sino que, como grupo, nos permitieron sentirnos y descubrirnos cada día más próximos, humanos y solidarios.

Conforme el curso avanzaba, fui tomando la decisión de escribir un libro que recogiera, en su primera parte, los fundamentos y los principios esenciales de la «Sinfonía pedagógica en tres tiempos», y, seguidamente, las experiencias y las vivencias que, semana a semana, íbamos compartiendo en las clases de ESCUNI.

Empecé a escribir mi nuevo libro aprovechando mi tiempo libre y lo publiqué aquel mismo año en la colección Audiovisuales EDEBÉ, de la Editorial Don Bosco. ¡Claro!, el libro se tituló Música, canción y pedagogía, igual que la optativa.

Quizá lo más novedoso para mí de aquella experiencia fue descubrir el valor del silencio y experimentar su elocuencia. Silencio imprescindible para poder interiorizar la música, disfrutarla y percibir lo que puede llegar a confiarnos o hacernos sentir en un momento dado e inesperado.

En ese sentido, empezamos a trabajar y a experimentar no solo con la «canción de autor», sino además con otras expresiones musicales. Recuerdo por ejemplo, y así queda reflejado en el libro, los montajes audiovisuales y las actividades de expresión que realizamos a partir de las composiciones de grupos como Secta Sónica, el grupo francés OSE con música de Herve Picart, o piezas instrumentales de Jordi Sabatés, Tete Montoliu, Santi Arisa, Manel Camp, Toti Soler o George Winston. Recuerdo también, muy especialmente, los hermosísimos momentos que vivimos aplicando la «Sinfonía pedagógica» a El carnaval de los animales, de Camille Saint-Saëns.

Ver desarrollo y resultados de la experiencia vivida
con niños y niñas de 8 años en el siguiente enlace de este mismo blog:
http://fernandolucini.blogspot.com.es/2014_03_29_archive.html

Del libro Música, canción y pedagogía conservo una reseña publicada en la revista Bordón (Revista de la Sociedad Española de Pedagogía) que, en su momento, cuando la leí, me produjo una tremenda satisfacción. En dicha reseña, firmada por Ignacio González Carrasco en junio de 1980, se decía lo siguiente: «Música, canción y pedagogía es el fruto del estudio profundo de la pedagogía de Paulo Freire, junto a una larga experiencia en el campo de la enseñanza. En el libro encontramos el puesto que la música y la canción deben ocupar en el proyecto educativo que busca no solo la liberación del hombre, sino su formación integral como persona. […] Se trata de un libro no solo para educadores y especialistas, sino para quienes comprenden que, en toda cultura, arte y vida están profundamente relacionados».

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