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viernes, 21 de agosto de 2015

ME EMOCIONA, O NO ME EMOCIONA... ¡A FIN DE CUENTAS PARA MI ES LO QIE MÁS VALORO, LO MÁS IMPORTANTE!



Desde hace varios días estoy necesitando que llegara este momento para subirme un rato a MI ATALAYA... 

Estos últimos días han sido de mucho ajetreo, de muchas emociones concentradas, y de muchas horas compartidas con amigos y con amigas a los/las que quiero; lo que es de agradecer porque todo eso no es más que un síntoma de que estoy vivo, de que puedo contar con personas que me aprecian, y de que, poquito a poco, voy haciendo posible que, al menos, mis "pequeños sueños" se vayan haciendo realidad.

Sin embargo, tenía muchas ganas de estar solo; de subirme a esta ATALAYA, para pensar, para ordenar algunos sentimientos, y para desahogar algunas preocupaciones y desgarros que siento necesidad compartir con quien quiera escucharme –en este caso, con quien quiera leerme–.

Enseguida os daréis cuenta que el objeto de este encuentro conmigo mismo en MI ATALYA, poco tiene que ver con mi vida personal más íntima que felizmente anda tranquila, satisfecha y estimulada; en gran medida gracias a los buenos y buenas amigas, y a personas como las que andáis cerca –por aquí o por mi muro de facebook– y que sé que me apreciáis.

El verdadero objeto de este encuentro conmigo mismo tiene que ver más bien con mi actitud personal –y de alguna manera profesional– con la "canción" y, últimamente, con el "lenguaje poético" y con algunos creadores que se auto-atribuyen el calificativo de "poetas"

Partiré de un principio, que ya he repetido muchas veces, pero en el que voy a volver a incidir porque fundamenta todo lo que después escribiré:

Yo no soy un "crítico de música ni de nada" –¡nunca lo fui, ni he pretendido, ni querido serlo!–. Yo soy, simplemente, una persona que se ha hecho a sí misma, en gran medida, con la "canción de autor" y con la voz de muy grandes poetas, y que en consecuencia, y de forma irremediable, amo la canción y la poesía...

Yo no soy crítico; simplemente escribo –¡me encanta escribir!–, comento y hago crónicas de lo que amo; en este caso, de la canción y la poesía que surge a mi alrededor, que siento que me ayuda y me estimula a vivir íntima y socialmente comprometido; y que considero que debo recomendar y hacer volar por si a alguien le puede ser tan generosamente bonancible y útil como a mí.

¿Y cuál es la canción y la poesía que amo y de las que escribo? ¿cuál es el criterio que utilizo para seleccionar esa poesía y esa canción, dentro del aluvión de canciones y poemas que me llegan a diario? (Por supuesto un criterio que ha de ser y me ha de permitir ser justo y a la vez coherente conmigo mismo).

Sólo tengo un criterio: llega a mí el poema o la canción, lo leo o la escucho y..., ME EMOCIONA o NO ME EMOCIONA... 

SI CONSIGUE EMOCIONARME la canción, o el poema, considero que son "buenos" para mi –que tienen "calidad"– y los difundo, los comparto, los echo a volar....

Si la canción o el poema  NO CONSIGUEN EMOCIONARME los margino de mi mundo perceptivo, y procuro olvidarlos...; y ¡nunca! en mis escritos –ni en este blog ni en mi muro de facebook– los critico... No porque no me atreva –como alguien piensa–, sino porque siempre pienso que son poemas y canciones que a mi no me emocionan y que no tiene calidad, pero que hay personas que no piensan así –por las "razones" que sean– y, en consecuencia, –y por respeto a ellas–, me siento obligado a reprimir, o a silenciar publicamente –o sea, en mis escritos–, mis opiniones personales.

Lo que pasa es que mis "silencios" pueden llegar a ser muy elocuentes –y eso no se puede remediar–.

Os puedo asegurar que TODOS de los compositores, cantores o poetas que aparecen en mi blog o, por ejemplo, en el "buen día" de mi  muro de facebook han conseguido emocionarme, me emocionan y para mí su obra es bonancible y tiene calidad.

Pero puedo asegurar, igualmente, que nunca aparecerá el nombre o la obra de los que no consigan emocionarme porque no me conmueve el alma; porque no me reflejan la realidad que veo y vivo –cerca y lejos– de forma cotidiana; o porque no me interpelan sobre la vida y los valores por los que  creo que merece la pena vivir.

(Dicho lo anterior reclamo y me reservo el derecho a decir oralmente, en privado, a mis amigos y amigas lo que me gusta o no me gusta...; y si hay alguien cerca que lo escucha –¡menudos cotillas y envidiosos nos rodean!– y le da por contarlo ¡pues que lo cuente!... A veces el "cotilleo" es una forma eficaz de conseguir amigos que te interesa tener y que de otra forma no se conseguirían... No voy a dar ningún nombre, pero "haberlos haylos" ¡os lo aseguro!... Por alguno de estos cotillas celosos y malintencionados he perdido algún amigo, que evidentemente no lo era tanto).

En ese sentido también es cierto, y pasa –¡claro que pasa!, aunque algunos no lo entiendan– que haya cantores y poetas que en un momento me emocionaron –y lo conté, y procuré ayudarles en su trabajo–, pero que por unas u otras razones, casi siempre relacionadas con la búsqueda del éxito, la fama, los ligues y la "pela", dejaron de emocionarme y pasaron al mundo de mis silencios.

He de decir también que hay otros factores menos subjetivos que también me afectan a la hora de la emoción frente a una canción o un poema: odio la prepotencia –me boquea la sensibilidad–; no puedo soportar –cada vez menos– la incoherencia; y, últimamente, me repele, más que nunca. el sectarismo o el "grupo-ombliguismo" que se está produciendo en el mundillo de los cantores y poetas.

Llegado este momento, creo sinceramente que ya he escrito todo lo que pienso y lo que me apetecía decir... ¡No!...; me faltan un par de cosillas bastante importantes. 

La primera: Reivindicar MI DERECHO A SENTIR; mi derecho –por otra parte lógico– a que ME EMOCIONE O NO ME EMOCIONE una canción o un poema; mi derecho a que ME GUSTE O NO ME GUSTE lo que hacen unos y otros; y mi derecho a que nadie piense y diga –por muy importante o famoso que sea– que si le digo que no me gusta ni me emociona lo que hace, diga y comente que LE ESTOY INSULTADO; como me decía un famoso "cantautor" –que no me gusta– hablando con él por teléfono hace unos días. Lo siento –pensé después de la conversación–: "Ahora me gustas menos", pero no te preocupes que no voy a dar tu nombre, paso de ti, no me emocionas.

La segunda "cosilla" que no quiero dejar de decir –aunque pronto volveré a subirme a MI ATALAYA para hablar de ella– es que me produce una inmensa indignación que en ciertas librerías haya espacios desmedidos de publicidad y promoción a "poetas" verdaderamente intrascendentes, con escasa experiencia y calidad, y que en esos mismos espacios no aparezcan, y se marginen, poemarios como el que acaba de editar Pablo Guerrero, por ejemplo... No lo entiendo... O mejor ¡si! en esto hoy en día también intervienen las "pelas"... ¡la pela es la pela!.

¡Abrazo grande desde MI ATALAYA!