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sábado, 16 de mayo de 2015

DE "SERGIO SLEIMAN" Y DE LA LUCIDEZ Y EL INTERÉS QUE DESPIERTAN SUS REFLEXIONES Y SU PROPUESTA PEDAGÓGICA

SERGIO SLEIMAN

SERGIO SLEIMAN, es un músico, guitarrista, compositor y cantante al que tuve la suerte y el placer de conocer allá a finales de los noventa formando parte de un trío al que llamaron "Cantad, candad, malditos", en el que también participaban Ruben Buren y Pedro Herrero.

En aquel momento –1998– Sergio escribía: «El amor de mis abuelos emigrantes me rodeó de mismos, comidas ricas y las palabras de Miguel Hernández y Machado que cantaba Serrat los domingos por la mañana en unos discos que todavía tengo... Y seguí creciendo, y me cagué en Walt Disney, y escuché a Pablo Milanés, Rolling  Stones, Caetano Veloso, Mozart, Police, Miles Davis, Piazzola, Queen, Gardel, Pink Floyd, Silvio Rodríguez, y leí diez mil veces "El Principito", y no me gustan los burgues, y seguí creciendo, y vinieron las madres con sus pañuelos blancos, y más Blues, y más Tangos, y me embarré, y salí a ver como era el mundo, y aquí estoy, cuidándome –como diría Cortázar– de no confundir lo moderno con lo actual».

Pues bien, ese Sergio –al que siempre admiré– con todo ese saber aprendido de los "maestros cantores", de la música y de la vida, no ha cesado de componer y de cantar, y, a la vez, de investigar en técnicas y procedimientos útiles, prácticos y pedagógicos para la educación musical de las nacientes generaciones de cantautores, o para cualquier otra persona que desee aprender y mejorar en el arte y en el oficio de componer e interpretar canciones.

Esa actitud, y ese interés de Sergio hacia la pedagogía musical –o sea hacia la comunicación y el compartir de sus conocimientos  musicales vital y sistemáticamente adquiridos– me parece una posición verdaderamente admirable, interesante, e incluso diría que "imprescndible", –más en los tiempos que corren impregnados de ese maldito principio de que "aquí todo vale", y de que, en consecuencia, cualquiera puede ser poeta, cantautor o lo que sea–.


Pues no, no todo vale –aunque algunos nos cuenten que se vende–. Estoy totalmente de acuerdo con Sergió Sleiman de que la "formación" en el arte y en el oficio de interpretar y de cantar es necesaria y urgente. Recuerdo en este momento unos versos de Vainica Doble –que fueron consideradas como las grandes diosas de la modernidad– en los que hablando de la metáfora del "vuelo" como pasión por la libertad, cantaban: «Hay que despreciar el tiempo para conseguir alas. / Y pasar las horas muertas ante un pájaro / E imitarlo a navegar por el espacio / con las alas invisibles de tu corazón»... Igualmente pienso yo con la música: 

Por una parte, hay que despreciar el tiempo y pasar las horas muertas escuchando y recuperando la memoria de los grandes "maestros y maestras" de nuestra canción de autor; y, por otra, hay que aprender de la experiencia y del saber adquirido y reflexionado de profesionales que, como Sergio Sleiman, hoy son evidentemente reconocidos como músicos y compositores que nos tienen mucho y muy bueno, que enseñar. Dos posiciones o disponibilidades para el aprendizaje que exigen ante todo un valor que hoy también está en crisis, –sobre todo, en cierto sector "redicho" y "prepotente"  del "mundillo seudo-cantautoril"–, me refiero a la "humildad".

Es por todo esto que me despierta un gran interés –aplaudo y recomiendo– la propuesta que SERGIO SLEIMAN nos lanza con la convocatoria de los siguientes CURSOS DE COMPOSICIÓN PARA CANTAUTORES:


Conocido este proyecto, le he pedido al propio Sergio que nos lo presente y él –amigo generoso como siempre– me ha manado la siguiente reflexión:

¿POR QUÉ UN CURSO DE COMPOSICIÓN 
PARA CANTAUTORES?

«Un cantautor es, literalmente, aquel que canta sus propias canciones. El diccionario añade “Persona que canta las canciones que ha compuesto, en las que, sobre la música, suele prevalecer un mensaje de intención crítica o poética” (aquí la música queda en segundo plano). Y en la calle, el común de la gente lo asocia a una persona con poca o ninguna formación vocal, instrumental y compositiva, que suele hacer letras larguísimas acompañadas siempre con los mismos tres acordes, rasgueados a la manera “monitor de campamento” y cantadas muy rústicamente.

Luego hay cantautores que por razones musicales (descarto aquí las comerciales) han trascendido ese tópico, como por ejemplo Serrat, Silvio Rodríguez, Chico Buarque, Sting, Antonio Vega, Violeta Parra, Daniel Viglietti, Bob Dylan, etc., por nombrar a algunos de diferentes estilos. ¿Qué diferencia a estos cantautores de aquellos denostados por la opinión despectiva al uso? Básicamente dos cosas: Memoria y formación.

LA MEMORIA nos permite aprender de lo que hicieron los que nos precedieron y la FOMACIÓN, asimilarlos y trascenderlos. 




Como el cantautor opera sobre texto y música, la memoria abarca todo cuanto se haya escrito y todo cuanto se haya compuesto. Cuanto más memoria, más sentido común, más los pies en la tierra. Si leemos o escuchamos cualquier entrevista a un cantautor de los “grandes”, comprobaremos que todos han leído muchísima literatura y escuchado muchísima música: Novelas, poesía, ciencias, teatro, Bach, Beatles, Brahms, Marley, Mozart, Police, Miles Davis, canto gregoriano, heavy metal, clásica, rock, jazz, bossa, etc., etc., etc. Ninguno a partido de cero. La reproducción, el intento de imitar a los grandes, siempre ha sido el modo de asimilar el mundo que nos precedió. Nuestra formación técnica y nuestro espíritu inquieto se encargarán de modelar y proyectar ese bagaje hacia la conformación del “estilo propio”. Pero ningún estilo se desarrolla sin partir de lo que ya existe. Buñuel decía: «Si no hay imitación hay plagio».

Técnicamente hablando, la canción es música. El lenguaje musical occidental no es natural. Es un invento del Ser Humano, transformado a través de los siglos. Este invento nos ofrece unas herramientas para ayudar a que el texto exprese elocuentemente su contenido emocional. Y esto es así para cualquier estilo musical. Si la música es pobre desmerece al texto. Si el texto dice una cosa y la música otra, el resultado es confuso. Si la ejecución vocal e instrumental son mediocres, la comunicación se llena de ruidos. 

En definitiva, cuando hablamos del cantautor como alguien sensible nos estamos equivocando si evaluamos esa sensibilidad por lo que siente. Más bien debemos evaluarlo que nos hace sentir. Y más allá de las caritas seductoras sobre el escenario o las letras directas de amor y odio, el mensaje de la canción es un todo formado por letra, música, arreglos e interpretación. Y cada uno de estos elementos tiene historia y herramientas que se deben conocer para utilizarlas, cuanto menos con idoneidad (Nadie se cree científico por ver tres documentales del National Geographic). Después, podemos ser más o menos creativos, eso es otra cosa.»

¡GRACIAS SERGIO, GRACIAS!
EFECTIVAMENTE SOLAMENTE ASÍ
LA PALABRA SE HACE MÚSICA
Y SE CANTA COMO QUIEN RESPIRA