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lunes, 20 de abril de 2015

«ANTONIO MATA» SE NOS FUE EL AÑO PASADO... ÉL UN BUEN DÍA CANTÓ: "MI CASA NO TIENE REJAS Y MI VOZ NO TIENE PRECIO"...; Y MAÑANA, EN GRANADA, VAMOS A REIVINDICAR –UNA VEZ MÁS– SU MEMORIA CONTRA EL OLVIDO.

Me acabo de comprar el billete de tren y de hacer una reserva de hotel para no faltar mañana en Granada –por nada del mundo– al Homenaje que se le va a dar a ANTONIO MATA en el marco del Encuentro "Abril para Vivir". Para mi lo más importante de mañana va a ser abrazar y estar cerca de su familia hacia la que desde hace tiempo siento un tremendo cariño y una linda amistad.

Hoy desde aquí me propongo simplemente "recuperar su memoria contra el olvido" –para que quede escrita–. Mañana en Granada, por mi parte, poco diré; preferiré el silencio, la manifestación de mi afecto hacia las personas que le quisieron de verdad; y el íntimo recuerdo de los buenos momentos que vividos junto.


ANTONIO MATA, nació en Jaén y cursó sus estudios universitarios en Granada a finales de los años sesenta. Fue un andaluz por los cuatro costados, «peregrino de mil vientos y de un eterno vagar» y «mezcla de arpillera y paloduz» –como él mismo se definía en una de sus canciones–; un hombre del Sur, extremadamente sensible que, desde muy joven, optó por hacer de la canción la voz de sus latidos y de sus sentimientos: «verso sediento que busca el agua, y abrazo lento de nieve y fuego».

En el inicio de su actividad como "cantautor", Antonio, amante de la noche y de la madrugada, solía interpretar sus canciones en "garitos subversivos" frecuentados por universitarios y, en general, por gentes a las que, en aquel momento, se les consideraba "peligrosas" y de "mal vivir" porque alardeaban con descaro de su pasión por la vida y por libertad –eran unos auténticos antifranquistas–, y, encima, se manifestaban como amantes declarados de la música, de la literatura y, más concretamente, de la poesía.

En aquel contexto, un buen día de 1968, Antonio dio un concierto en la granadina Casa de América, al que asistió el poeta Juan de Loxa –creador de Poesía 70– junto con Carlos Cano –que en aquel momento había empezado a componer sus primeras canciones–. Juan había oído hablar de Antonio y tenía un gran interés en escucharle cantar porque en en aquel momento le rondaba por su cabeza y, sobre todo por su corazón, la posibilidad de crear un "movimiento de canción del Sur" similar a "Els setze jutges" catalanes, al colectivo vasco "Ez dok amairu", o al grupo de "cantautores" que, encabezados por Paco Ibáñez, Elisa Serna, Hilario Camacho o el grupo Aguaviva, estaban creado una "nueva canción en castellano».

Antonio Mata

Finalizado el concierto, Antonio, Juan y Carlos se juntaron; tomaron unas copas; hablaron; pusieron en común poemas, canciones y proyectos; y sentaron las bases, o los cimientos, de lo que a partir de aquella madrugada llegaría a llamarse, y a ser, "Manifiesto Canción del Sur", colectivo de "cantautores" andaluces sobre el que escribí un libro monográfico en el año 2004 con la colaboración de la Fundación Autor y la Junta de Andalucía.

Aquel Antonio Mata –que junto con Juan de Loxa, Carlos Cano, Esteban Valdivieso, Nande Ferrer o Miguel Ángel González, entre otros, compusieron el colectivo "Manifiesto Canción del Sur"–, poseía una personalidad muy atrayente que se concretaba en tres rasgos, o manifestaciones, de la que fue dejando huellas en lo textos de sus canciones:

En primer lugar, "su pasión por la libertad"; por la libertad de las gentes del Sur y por su propia libertad personal frente a cualquier tipo de convencionalismos ideológicos, sociales o morales que pudieran, o que pretendieran, ponerle límites a su insaciable deseo de vivir. «Yo no imploro otra cosa – cantabamas que el poder ser libre como el grillo»..., «mi casa no tiene rejas» y «mi voz no tiene precio».

En segundo lugar, su condición de "soñador empedernido"; «peregrino de mil vientos y de un eterno vagar» que nunca dejó de «guardar entre alcanfor cien mil estrellas y un sueño de cristal para mañana»; caminante esperanzado que –«a tropezones viviendo y a tropezones soñando»– «buscaba lluvias que hicieran brotar a cada paso que daba otro más».

Y, en tercer lugar, su ternura y su extremada sensibilidad –siempre declaradas– que le hacían ser y sentirse especialmente vulnerable frente al sufrimiento y el dolor de la tierra y de su gente. «Río igual que lloro –decía–; sé llorar entre risas y reír entre mis lágrimas»...; «llevo una pena a cuestas, llevo mi sangre alerta»; «algún buitre me roba amores de palomas, pero el viento en mis labios se hace azul».


Antonio Mata junto con Joan Manuel Serrat.

Con esas armas, con su pasión por la libertad, con sus sueños –que fueron la razón de su vivir–, con su sensibilidad y su ternura, y con sus canciones, Antonio Mata tuvo que enfrentarse, primero en Granada y luego en toda Andalucía, contra un "monstruo de tres cabezas" difícilmente destruible: contra el conformismo y la resignación –que jamás aceptó–; contra la inmoralidad de los "señoritos" y de los "fachas" a los que su presencia, su guitarra y su voz les resultaban totalmente intolerables; y contra la incomprensión manifiesta de algunos de los que él consideraba como compañeros de viaje y de sueños y a quienes, en realidad, les molestaba su forma radical de afrontar el vivir cotidiano en libertad: sin pautas, sin muletas, sin remedar la voz..., como decía Miquel Martí i Pol en su poema "No demano gran cosa".

Enfrentado a ese monstruo tricéfalo, a Antonio –sobre todo dada su sensibilidad– le resultó especialmente duro y difícil su caminar errante "de aquí para allá como el cierzo" persiguiendo sus sueños y sus utopías, y, de hecho, a partir de 1978, siendo en realidad, el poeta y el compositor de mayor calidad y "hondismo" dentro del colectivo "Manifiesto Canción del Sur", se vio sometido al olvido, tanto en el ámbito cultural andaluz –en el que se le dio injustamente la espalda–, como en el de la industria discográfica que, tras la edición de su único disco: "... Entre la lumbre y el frío", decidió dejar de apoyarle.

LP grabado por ANTONIO MATA en 1977.

El mismo año en que Antonio editó su disco "... Entre la lumbre y el frío" (1977), colaboró con Miguel Ríos en la creación del disco "Al-Andalus" (1977) y con el grupo Triana para el que compuso la canción "Del crepúsculo lento nacerá el rocío", tema que el grupo sevillano incluyó en su segundo LP: "Hijos del agobio" (1977).



A partir de los años ochenta Antonio decidió «no guardar definitivamente su guitarra y su corazón en la alacena». y siguió creando nuevos temas –poemas y canciones– y siempre con unas tremendas ganas de cantar. Lamentablemente tuvo que dejar de hacerlo cuando un mal día la muerte nos lo robó, fue el 19 de noviembre de 2014.

Un año antes, el "cantautor" flamenco Miguel López en su precioso disco titulado "Tributo poético" incluyó una muy personal versión de la canción "Yo soy del Sur" de Antonio Mata


Acto de presentación del libro "MANIFIESTO CANCIÓN DEL SUR"-
Detrás.en pie. de izquierda a derecha: José Infante. Carlos Álvarez, Fanny Rubio.
Juan de Loxa, ANTONIO MATA, Elodia Campra, Aurora Moreno,
ESTEBAN VALDIVIESO, Enrique Moratalla, Manuel Lombao,
Alicia Sánchez 
–compañera de Carlos Cano–, Raul Alcober y Quintín Cabera.
Delante; Miguel Ángel González, José Antonio Pérez Piñar, Elisa Serna
y Fernando Gonzalez Lucini –autor del libro–.