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viernes, 4 de julio de 2014

RETRATO ÍNTIMO DE «PABLO GUERRERO»

PABLO GUERRERO

En un lugar de este planeta nuestro, en el que aún existen los poetas –para más señas en Extremadura– y en un tiempo de sed y de silencio, entre "amapolas y espigas", estalló una bocanada de lluvia fértil, una voz serena y desbordante, una mirada honda: la mirada y la voz de un "perseguidor de sueños habitado por un rincón de sol en la cabeza"...; y fuimos muchos los que en su voz alimentamos nuestras ganas de vivir...; y en su voz-lluvia –incrustada "a cántaros" en lo más profundo del alma– todavía hoy permanecemos en la esperanza...; tal vez, para siempre, irremediablemente, hasta que un día consigamos "ver nacer a los niños con alas".

Él nos enseñó, en el tiempo de las tinieblas, a "no paralizar el paso" y a creer que "nuestras manos crecen como antorchas que en la noche amanecen"...; con el supimos que "la libertad es mucho más que una palabra escrita en la pared"...; al rescoldo de los sonidos de su guitarra presentimos el "mundo bailando en coro una danza solidaria"...; por su dulce culpa remudamos el alma e intentamos emprender "una vida tan bella como cien televisores apagados"...; en las noches de soledad y de silencio él nos hizo amar a "aquella muchacha triste que tenía en sus zapatos polvo de todos los caminos y cuya mirada era el lugar del mundo donde no había un Vietnam"...; gracias a él pudimos encontrarnos con "Teo, caminando entre dunas"–para siempre niño, para siempre poeta–...; él nos regaló "el ritmo de los besos, las lágrimas que salvan y la fuerza de las olas"...; en su canción vivimos la entrañable compañía del "amigo que un buen día se nos fue buscando el contacto del barro de la tierra"; o de aquel hermano de utopías compartidas al que "le costaba tanto moverse entre las normas de la tribu, y que, en las noches de resaca mala, sacaba de su pipa una paloma"...

Fotografía tomada del disco "A tapar la calle"
En la primera fila aparecen sentados de izquierda a derecha:
Pablo Guerrero, Miguel de Córdoba y Nacho Saenz de Tejada.
Detrás, en pie: Juan Alberto Arteche y Miguel Ángel Chastang.

Él supo "encender nuestra alegría y nuestra hoguera" cuando presentimos que se acercaba el "tiempo de la vida"... Y supimos reclamar, en su voz, "un país de fronteras siempre abiertas: paraíso callejero de nuevos horizontes y de auroras"... 

Él, como el mar, nos sigue regalando "sal y yodo", y en su canto –"despojados de todos los disfraces"–, aprendemos a amarnos "mientras el tiempo discurre como agua entre las manos"...; el amor, "sentimiento de luna", "contribución a la dicha de un mundo atribulado".

Poeta-Pablo-hombre, "no miento si te digo que te que te quiero". Poeta extremeño del amor y de la utopía realizable; poeta hermano del agua y del fuego, poeta del barro y de la entraña, poeta limpio de la imaginación y del futuro; poeta troceador de sueños y de rebeliones, poeta necesario que, a veces, se nos pierde en injustos silencios temporales, pero siempre añorado y siempre buscado como quien busca el la latido de una vena o la buena gente del mañana.