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lunes, 19 de mayo de 2014

CUATRO REFLEXIONES SOBRE LA «CANCIÓN DE AUTOR», EL «CANTO POPULAR»..., Y "EL CIFU", POR EJEMPLO. (SEGUNDA PARTE).

Hoy completo el "cuelgue" publicado el pasado sábado con la tercera y cuarta reflexión que desde hace unos días me vengo planteando sobre la relación, creo que importante entre la "canción de autor" –por supuesto, de calidad– y el "canto popular".

III

En la segunda reflexión que me formulaba el pasado sábado decía que la "canción de autor" es, o se hace, realmente "canto popular", cuando "esa canción llega al pueblo y se funde con el alma popular"; es decir, cuando el pueblo –o la ciudadanía– la escucha, se identifica con ella, la disfruta, y la hace suya. Objetivo que es necesario, desde el punto de vista cultural y artístico; y que es –creo yo– una meta a la que todo creador aspira. 

Es cierto, como comentaba Andrés Sudón al hilo de mis reflexiones, que los "cantautores" buscan a través de la canción la expresión artística de su mundo interior –¡por supuesto, sin lugar a dudas!–. Pero además, y lo demuestran a diario con sus actitudes y con sus gestos cotidianos, buscan también la comunicación, o sea, conseguir que sus creaciones lleguen al pueblo, y que las personas las escuchen, las conozcan, las disfruten, las aplaudan y las canten, o sea, que se transformen en "canto popular". Para mi, esa es una realidad innegable.

Frente a esa realidad surge esta tercera reflexión, con la que inicio el "cuelgue" de hoy, en la que me formulo un nuevo interrogante: ¿Y cómo debe ser el gesto del creador o de la creadora de canciones –en qué actitud debe producirse ese gesto– para que su resultado pueda transformarse realmente en auténtico "canto popular"?. Creo sinceramente que esta es una cuestión clave que debe afrontarse con una postura abierta a la escucha y al aprendizaje y, por supuesto, dejando al margen "ombliguismos" y prepotencias.

Para contestar por mi parte a ese interrogante, o mejor, para contribuir, desde mi perspectiva a la búsqueda de respuestas a la cuestión antes planteada, voy a acudir, de nuevo, a la sabiduría de Atahualpa Yupanqui –adquirida en su intensamente vivir cotidiano–, y al pensamiento, en esta ocasión, de Antonio Machado.

Atahualpa en su libro "El canto del viento", editado por primera vez, en 1965, nos responde de forma clara y directa a cuál debe ser el gesto o la actitud del creador, en nuestro caso del "cantautor", para que el resultado de su creación sea auténtico "canto popular". Dice así:


«La luz que alumbra el corazón del artista
es una lámpara milagrosa que el pueblo usa
para encontrar la belleza en el camino,
la soledad, el miedo, el amor y la muerte.
Si tú no crees en tu pueblo, si no amas, ni esperas,
ni sufres, ni gozas con tu pueblo,
no alcanzarás a traducirlo nunca.
Escribirás acaso, tu drama de hombre huraño,
solo sin soledad...
Cantarás tu extravío lejos de la grey, pero tu grito
será un grito solamente tuyo, que nadie podrá ya entender».

Espléndida reflexión que, en el mismo libro citado, le lleva a afirmar con rotundidad: «En el fondo. lo único que me importa profundamente es ser un intérprete fiel a lo que he aprendido y vivido, a lo que amo y a lo que he elegido: a mi tierra, a mi mundo».

Personalmente me siento totalmente identificado con Atahualpa y pienso y siento como él –que ha sido uno de mis grandes maestros–: Si el creador, si el cantautor o la cantautora de turno no cree en su pueblo, si no ama, ni espera, ni sufre, ni goza con su pueblo, no llegará nunca ser "cantor popular", y su cantar será solamente suyo, o todo lo más compartido por el coro, más o menos numeroso, de unos seguidores, o fans, a los que les gusta contemplarse en su ombligo.

Planteamiento que Antonio Machado remata por boca de Juan de Mairena –"profesor apócrifo" de retórica y poética– afirmando que la verdadera poesía la hace el pueblo, y que el "canto popular" es «lo que el pueblo sabe, tal como lo sabe; lo que el pueblo piensa y siente, tal como lo siente y piensa, y así como lo expresa y plasma en la lengua que él, más que nadie, ha contribuido a formar». 

Tras esas consideraciones de Atahualpa y de Antonio Machado –unidas a las que nos ofrecía en el cuelgue del sábado Manuel Machado– , llego finalmente, como síntesis de mis tres reflexiones anteriores, a dos conclusiones, o mejor, a dos creencias que siempre han estado latentes en mi acercamiento y en mi pasión hacia la "canción de autor" y hacia el "canto popular":

1 - «La luz que alumbra el corazón del cantor es una lámpara milagrosa que el pueblo usa para encontrar la belleza en el camino, la soledad, el miedo, el amor y la muerte» (Atahualpa Yupanqui); de ahí que, como decía Miguel de Unamuno, «el pueblo necesita que se le cante mucho más que el que le enseñe».

2 - En consecuencia, el gesto y la actitud imprescindibles del creador o de la creadora de canciones que aspira a que su canto sea real y honestamente popular, ha de ser alimentar esa lámpara de la creación con las cotidianas y, a la vez, más profundas realidades humanas, las propias y las de su entorno. Ya lo decía Manuel Vázquez Montalbán: «Las canciones son a la vez paisaje de un tiempo, huella de quienes las cantaron y fotografía de los suspiros de una sociedad»

IV

A esta cuarta, y última, reflexión la he llamado: "... Y El Cifu, como ejemplo". (Digo "por ejemplo" porque lo que voy a escribir sobre El Cifu, ya lo he hecho anteriormente, y lo seguiré haciendo, con referencia a otros jóvenes "creadores" y "creadoras" que hoy en día están componiendo e interpretando canciones de carácter clara y honestamente popular).

El Cifu es un cantautor que ya ha recorrido un largo camino como compositor y como intérprete pero al que he descubierto muy recientemente "cacharreando" por internet. Escuché una de sus canciones en un vídeo, y de inmediato sentí y pensé que me encontraba ante un "cantautor" que se desenvolvía, con mucha calidad, en el ámbito, o en el universo, del auténtico "canto popular"; o sea, un creador que entraba en sintonía positiva con lo que he planteado en mis tres reflexiones anteriores.

En concreto este fue el vídeo en el que le escuché cantar por primera vez:


A partir de la audición de esta canción –"Que no te rindas"– me hice y he disfrutado de sus dos últimos discos: "Más cerca del suelo que del sofá" (2012) –título que me encanta– y "De fiera en fiera" (2014) –título tomado de "El rayo que no cesa", de Miguel Hernández.


Tras la audición de estos discos y de escucharle tocar y cantar en directo en dos conciertos que recientemente nos ha ofrecido en Madrid, quiero agradecerle a El Cifu su música, agradecimiento por dos razones. La primera porque gracias a ella han surgido estas reflexiones que he venido haciéndome y formulando sobre la "canción de autor" y el "canta popular". La segunda razón, parafraseando a Yupanqui, porque sus canciones han sido para mí como "una luz que ha alumbrado" la esperanza de que la "canción de autor" sigue apuntando eficazmente hacia el "canto popular" que es, en realidad, una de las características claves de su identidad, para mí la más importante.

Y no me enrollo más; solamente decir que mientras sigan surgiendo obras musicales como las creadas por El Cifu... SEGUIREMOS CANTANDO COMO QUIEN RESPIRA... (Celaya continuaría diciendo: «Porque eso es la libertad, porque eso es decir quienes somos, porque eso es el amor: Respirar o cantar».