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miércoles, 28 de agosto de 2013

ANTONIO FERNÁNDEZ FERRER: DE "GAVILLAS DE TRIGO" A SU "MEMORIA DEL TIEMPO". TODO UN LARGO Y APASIONADO RECORRIDO POR LA POESÍA Y POR LA MÚSICA

Hace unos meses, en mayo de este mismo año, con motivo de la muestra «...Y la palabra se hizo música» que estuvo expuesta en la Facultad de Bellas Artes, de Granada, tuve la oportunidad y el inmenso placer de reencontrarme con ANTONIO FERNÁNDEZ FERRER –investigador, profesor, escritor, compositor y poeta– que participó en el mítico colectivo andaluz "Manifiestos Canción del Sur".

Antonio Fernández Ferrer.

En aquel momento, Antonio acaba de terminar de escribir un nuevo poemario titulado "Memoria del tiempo" y me sentí completamente feliz cuando me insinuó si me apetecía escribirle un prólogo; insinuación que en décimas de segundo convertí en deseo... Pues ¡claro que sí!... Me encanta, y es un gran honor para mí, ser parte, aunque sea muy pequeñita, de esta preciosa y sugerente obra publicada por la Editorial Alhulia.


Por supuesto, antes de nada, recomendar la lectura de esta "Memoria del tiempo" y, seguidamente, ofreceros el prólogo que escribí en el que evidencio, creo que con claridad, la admirarión y el afecto que siento hacia Antonio.

RELATO PARALELO 
DE UN SORPRENDENTE ENCUENTRO

«Antonio Fernández Ferrer concluye este poemario –o mejor, el conjunto de latidos, de recuerdos, de imaginaciones, y de sentimientos que recogen sus páginas– con once relatos poéticos sencillamente fantásticos y cargados de ironía. En uno de ellos nos cuenta la historia de un individuo que durante unas vacaciones, largamente esperadas, quedó fulminado como consecuencia de un "sorprendente encuentro".

No sé muy bien por qué, pero el caso es que, concluida la lectura de ese relato, tomé la decisión de prologar esta “Memoria del tiempo” de Antonio Fernández Ferrer, con la narración de otro relato paralelo con "sorprendente encuentro" y con su "fulminación" correspondiente; pero, eso sí, en este caso, protagonizado por mí, relacionado directamente con él, y con final feliz… Un relato, os lo aseguro, desprovisto de "veladas ironías", pero cargado de "admiraciones y afectos descarados".

Andaba yo investigando por Granada con la idea de irle dando cuerpo a un proyecto que había surgido ilusionado, tras varias conversaciones mantenidas con Juan de Loxa. Se trataba de rescatar "de la memoria contra el olvido" a una de las manifestaciones poéticas y musicales más importantes que se produjeron en Andalucía entre 1968 y 1975; me refiero al nacimiento y al desarrollo de "Manifiesto Canción del Sur". Embarcado en aquel proyecto nunca olvidaré una tarde-noche del verano de 2003 en casa de Juan; fue aquel día, y justamente allí, donde se produjo el "sorprendente encuentro" que os voy a narrar.

Juan de Loxa.

Llevábamos hablando un buen rato –¡como no!– de Carlos Cano, de Antonio Mata… y de repente Juan se levantó, puso una casette en su magnetofón y me dijo: “Escucha esto”: Gavillas de trigo / botijos de agua / letrillas alegres / canta el "segaor"…  Me quedé sorprendido e impresionado –que es una forma más de quedar fulminado–… Y justo cuando iba a preguntar… “¿Quién canta esto?”, Juan siguió diciéndome –cuando Juan se entusiasma con lo que ama casi no escucha–: “Y a ver que me dices de esto que vas a oír ahora…”

Y, tras el texto cantado de José Enrique Vílchez, fueron desfilando Machado, Juan Ramón, Dámaso Chicharro y mi entrañable amigo-poeta Carlos Álvarez… ¡Fue un momento mágico, os lo aseguro!… “Pero, ¿quién canta? ¿cómo se llama?”… Insistía e insistía… Y Juan, como un mago coleccionista de insospechados tesoros culturales, me dijo lentamente, como revelándome un secreto: “Canta Nande Ferrer, y con él Esteban Valdivieso.

Antonio Fernandez Ferrer (Nande Ferrer) y Esteban Valdivieso.

Aquella fue la primera vez que escuché el nombre de Nande Ferrer y que me encontré con su voz y con sus canciones. Poco tiempo después supe que se llamaba Antonio, y tuve el inmenso placer de conocerle personalmente. Tras conversar con él –no hizo falta hacerlo mucho tiempo para que ocurriera– consiguió enamorarme por su calidad humana, su sencillez y su sensibilidad –ya lo estaba de su arte–. 

Evidentemente, Antonio Fernández Ferrer, a partir de aquel momento, se convirtió en uno de los más importantes protagonistas de la crónica cantada que desarrollé en mi libro dedicado a rescatar la memoria contra el olvido, en este caso la memoria de un acontecimiento cultural y musical tan importante como "Manifiesto Canción del Sur". 

Volviendo sobre el día en el que escuché cantar a Antonio por primera vez, he de decir, que lo que más me sorprendió fue la calidad y la sensibilidad musical de las canciones que interpretaba… ¡Allí había música en estado puro!… No eran cuatro acordes acompañando a un "sosón" –y más o menos afinado– recitativo… Aquello era auténtica música y auténtico canto popular. 

Después ya descubrí que lo de la música y la composición en Antonio y en su amigo Valdivieso, venía de largo; ¡de largo y de bueno!… Habían creado –siendo adolescentes– un grupo pop llamado "Los Querubines" y, posteriormente, habían formado un dúo musical en el que interpretaban sus propias canciones y musicalizaban poemas de autores contemporáneos. Eran cantautores. Por eso cuando Antonio ‘aterrizó’ en Manifiesto lo hizo amando ya la música, desplegando arte y sensibilidades, y cantando, como dijo Gabriel Celaya, "como quien respira".


Antonio Fernández Ferrer, cantando en la inauguración de la muestra
"...Y la palabra se hizo música" expuesta en Granada. Mayo, 2013.

Tanto llegué a admirar y a querer a Antonio Fernández Ferrer, por culpa de la música y –a partir de aquel sorprendente encuentro– por sus canciones, que mi  libro "Manifiesto Canción del Sur. De la memoria contra el olvido", se lo dediqué a su hijo Luis… Cuando se publicó el libro, él ya no estaba con nosotros -se nos había ido- pero tenía todo el derecho a conocer, como fuera y donde quiera que estuviese, lo mucho y lo muy bueno que su padre había hecho por la cultura andaluza –en particular por su poesía y su música– en un tiempo en el que, glosando a León Felipe, la cultura (especialmente aquí en el Sur) valía menos "que el orín de los perros".

He de decir, para ir concluyendo este prólogo-relato, que aunque personalmente no suelo encontrarme con Antonio con demasiada frecuencia –sí que nos presentimos en blogs y muros compartidos–, sigo su rastro y le persigo. Me confieso un auténtico ‘fan’ de todo, y es mucho, lo que hace y emprende en defensa del desarrollo cultural educativo y científico de Andalucía y, en particular, de sus quehaceres poéticos y musicales. Horas me he pasado, y me seguiré pasando, disfrutando de sus trabajos sobre la canción folk norteamericana -de la que es sabio-; contagiándome de su pasión por la poeta estadounidense Emily Dickinson; leyendo sus poemarios –como esta “Memoria del tiempo”–; y escuchando sus canciones, ¡sí!… porque en mi universo sonoro siguen estando presentes  "Metáfora de un hombre de mar", "Yo voy soñando caminos" y, sobre todo, aquellas "Gavillas de trigo", canción que me lo dio a conocer, y que Antonio compartió tantos años con el también común y amado amigo Esteban Valdivieso».
  FERNANDO GONZÁLEZ LUCINI
Madrid, 6 de julio de 2013

Para concluir este "cuelgue" os propongo escuchar la canción "Gavillas de trigo", de la que anteriormente he hablado. Es una canción compuesta por Antonio Fernández Ferrer y Esteban Valdivieso sobre un poema de José Enrique Vílchez. 

En el siguiente enlace de "goear" podéis escucharla interpretada por Antonio en una histórica grabación, de principios de los años 70, tomada del triple CD que acompaña al libro "Manifiesto Canción del Sur. De la Memoria contra el Olvido"