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sábado, 30 de marzo de 2013

MUNDO CHILLÓN I - UN ESTALLIDO DE «IMAGINACCIÓN-SUR-PRENDENTE» QUE ES NECESARIO TOMARSE MUY EN SERIO.

Fito Páez, argentino al que admiro mucho, un buen día escribió en uno de los textos de sus canciones: «¿Quién dijo que todo está perdido?... ¡Yo vengo a ofrecer mi corazón!»... Pues bien, hoy, para empezar este nuevo "cuelgue", me voy a permitir cambiar un poquito esas palabras de Páez para decir: «¿QUIEN DIJO QUE LA "CANCIÓN DE AUTOR" ESTÁ PERDIDA?... ¡YO VENGO A OFRECER A "MUNDO CHILLÓN"!», o sea, a este granaino –de Guadix, pa'más señas– al que sus padres le pusieron el nombre de Pedro:

Mundo Chillón.

El jueves pasado, día 28, llegué al la Sala Libertad 8, me senté en la silla en que casi siempre suelo hacerlo, y, un día más, volví a constatar lo viva y lo "potente" que hoy en día está la "canción de autor" en su más pura quinta-esencia. Se subieron al escenario Mundo Chillón y Manu Clavijo e inmediatamente me atraparon. (Mundo Chillón...; otro de mis descubrimientos tardíos porque lleva en esto de la "canción de autor" más de diez años, y yo, ¡sin haberlo escuchado en directo!... Me temo que le voy a tener que dedicar dos "cuelgues", ¡merece la pena!). 

Para empezar, os sugiero escuchar la canción llamada "El vendedor de Patrias"; creo que es un buen punto de partida para entender todo lo que después voy a decir sobre el universo "Chillón".

Por otra parte, empezando las presentaciones con una canción no se me quejarán asiduos visitantes del blog, como el también granaino y poeta Juan de Loxa –fundador de "Poesía 70" y de "Manifiesto Canción del Sur"–, que ayer mismo me decía: «Vete más despacito, me estás descubriendo a tanta gente joven interesante que, en realidad, aunque quiero, no puedo seguirte»... ¡Pues, nada, amigo Juan! ¡siéntate tranquilo a escuchar a Pedro Chillón y disfruta!



No quiero patrias, no compro ninguna
de esa marca adulterada por la caradura.
No me importa lo que quiera vender,
seguramente está muy bien para usted.
A mi los símbolos fríos no logran excitarme,
tengo mil cosas mejores en las que ocuparme
que echar cuentas al catálogo que me trae usted.

Le traigo;
patrias grandes, patrias chicas,
patrias pobres, patrias ricas,
patrias que las trajo el viento,
patrias que ha quemado el tiempo,
patrias que ciñen fronteras,
patrias que visten banderas,
patrias muertas, patrias vivas,
patrias tuertas, patrias divas.

Tengo mil razones para decir que no
aunque con la oferta me traiga usted un reloj.
Vendedor de patrias macabro perdedor,
filtrador de razas, larva de dictador.
No me va a convencer que existe el eje del bien
mientras alquila compra y vende la fe.
No moleste más.
No voy a comprar.

Que yo no tengo miopía, tampoco astigmatismo
y jamás he padecido de nacionalismo
pero hay algo que no pude lograr,
llegar a ser una persona formal.
Porque elogiando a mi tierra yo me quedo solo
es pequeña, redondita, chata por los polos,
gran naturaleza por eso hay tanto animal.

Les traigo;
patrias desparasitadas, garantía certificada,
llenas de gente cebada de hamburguesas y baladas,
con tres cabezas pensantes, diez millones de currantes,
todos a tirar p'alante, mariquita el que no aguante.

Tengo mil razones para decir que no
aunque con la oferta me traiga usted un reloj.
Vendedor de patrias macabro perdedor,
filtrador de razas, larva de dictador.
No me va a convencer que existe el eje del bien
mientras alquila compra y vende la fe.
No moleste más.
No voy a comprar.

No moleste más, no moleste más, no moleste más amigo.
Yo se que el centro del mundo queda lejos de mi ombligo
 No moleste más, no moleste más, no moleste a más personas.
Si a usted le gusta su patria, ahí con su pan se la coma.
 No moleste más, no moleste más, no golpee más mi puerta,
que de lunes a domingo, yo siempre la tengo abierta.
 No moleste más, no moleste más que ahora mismo ya nos vamos
donde no haya tercer mundo, ni política, ni paro.
 No voy a comprar.

Y al final, las bombas quedan y el marine se va,
niños que juegan las detonaran.
La vida sigue igual».
("El vendedor de Patrias". Mundo Chichón).

El universo creativo y artístico de Mundo Chillón es intenso, variado y de mucho intéres poÉtico y cultural. 

Mundo Chillón.

Musicalmente no tiene fronteras, ni es suceptible de ser etiquetado; transita de un tango a una tarantela, pasando por una rumba o un valsecito peruano –o por donde le da la real gana– y haciéndolo "cum laude"... –(Pedro, ¿a que te gusta este latinajo?)–; o sea, y me pongo más cursi: "divinamente". Si a ese se añade su magnífica voz; los tonos y el colorido que es capaz de darle a su palabra cantada; lo bien que toca la guirarra, y el acompañamiento de un músico-violinista-cantor de la categoría de Manu Clavijo, el espectáculo en lo musical, está asegurado.

Y en lo que se refiere al texto de sus canciones, es decir, a su poÉtica, nos encontramos con un "cantautor" de esos que yo llamaría "de referencia". Su poÉtica y su forma de desarrollarla sobre el papel, en su garganta y con su voz es realista, inteligente, crítica, reflexiva, directa..., y, a la vez, satírica, incisiva, cachonda, burlona, divertida, desternillante y hasta "cabrona". ¡Sí!, "cabrona", como debe ser pa'con los "cabrones" que nos explotan, que nos hieren la sensibilidad, que  nos empobrecen, que nos bombardean con sus armas, y que intentan cercenarnos el pensamiento, o sea, con los torturadores de la libertad. (¡Menuda parrafada que me he echao!... Pero es que ¡ya está bien! ¡Llamemos a las cosas y a la gentuza por su nombre!).

Decía al principio, que posiblemente iba a tener que dedicar a MUNDO CHILLÓN dos cuelgues y va a tener que ser así; sobre todo porque en el concierto del pasado jueves viví una experiencia que no puedo dejar de contarle a Pedro, y a todos vosotros y vosotras. Fue ésta: 

En 1996 escribí y publiqué un libro al que titulé "Sueño, luego existo", libro que nació, y prácticamente lo escribí, en Barcelona, provocado por tres impactos visuales y sus correspondientes consecuencias intelectuales. Esos impactos fueron una bolsa de la compra que me dieron en una tienda del Paseo de Gracia llamada "Vinçon", y dos viñetas de Forges que me vinieron a la memoria, y rescaté, a cuento de aquella bolsa:




Bueno, pues el jueves pasado, en mitad del concierto, Mundo Chillón va y canta un tema –¡genial– al que titula "Alcapone", y entre otras cositas dice:

Mundo Chillón.
«Nada que oír, nada que ver, nada que hablar, nada que hacer.
Si tu quieres prosperar y ser alguien en la vida, 
olvídate de los sueños y de las causas perdidas.
No te pares a pensar, bebe mucha cocacola,
lleva zapatos de marca y así nunca estarás sola.
no te vallas a olvidar de olvidarte del pasado, 
que la gente con memoria lo tiene más complicado.
Nada que oir, nada que ver, nada que hablar, nada que hacer».
(“Alcapone”. Mundo Chillón)

¡Imagonaros! Diecisiete años después de escribir aquel libro, surge Mundo Chillón y me canta esto... ¡Os lo juro! Sentí una mezcla explosiva de cabreo y de ternura.

De cabreo porque según nos estaba cantando -¡y es verdad"!– las cosas poco han cambiado –siguen queriendo hacernos idiotas, y ahora, además lo intentan hasta los políticos de las llamadas izquierdas y derechas dentro y fuera del parlamento–.

De ternura porque ahí estaba este joven de Guadix denunciando verdades como templos y alumbrando esperanzas irrenunciables, con su voz, con su música, con su ironía, y con su compromiso... ¡Estamos vivos!... y algunos de los llamados "cantautores": "¡Vivitos y coleando!".

En fin, que para no hacer este "cuelgue" demasiado largo, lo seguiré mañana. Pero antes de terminar, hoy quiero darle las gracias a Pedro Chillón por estar, y seguir ahí, "cantando como quien respira"... ¡Hasta mañana!