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martes, 19 de marzo de 2013

MONCHO OTERO, RAFA MORA Y «LA POESÍA DESPREJUICIADA» II - ¡DE SORPRESA EN SORPRESA!

Continuo haciendo la crónica de lo que viví y de lo que me sugirió el concierto que MONCHO OTERO y RAFA MORA nos ofrecieron, el pasado domingo, dentro del ciclo "VERSOS SOBRE EL PENTAGRAMA" que habitualmente desarrollan un domingo al mes en la Sala Libertad 8, de Madrid.

De entrada –conectando lo que voy a decir con lo escrito en el "cuelgue" de ayer– Moncho y Rafa son dos compositores que han optado, desde hace tiempo, por darle a nuestra poesía contemporánea un aire verdaderamente popular, es decir, desprenderla de su aparente seriedad y sobriedad, para que "vuele alto" y para que pueda llegar al mayor número de personas que no leen poesía y que además tienen sus prejuicios –fundamentados o no– sobre ella.

Rafa Mora.
Moncho Otero.

Ese aire popular –ese "vuelo alto"– Moncho y Rafa lo logran musicalizando a los poetas, brindándoles su voz cantada –y muy bien cantada– y, sobre todo, aportando a sus recitales un encanto, un desenfado, y también una finísima ironía que los convierte en recitales realmente alegres, bellos, distentidos y sobre todo –entre bromas y seriedades– de una riqueza literaria que hoy no es demadiado común en el "mundillo cantautoril".

Escuchando a Rafa y a Moncho, me vino a la memoria un personaje –músico argentino extraordinario y singular– que conocí en los años setenta, y con el que entablé una gran amistad. Me refiero a Sergio Aschero –que integraba, junto con Ángeles Ruibal, el dúo Los Juglares–. Sergio en aquel tiempo realizó una investigación sobre un nuevo sistema de escritura, o de notación musical, que resultaba mucho más simple y atractivo que el convencional; sistema que desarrolló en un libro titulado "Teoría desprejuiciada de la música" (Editorial Alpuerto, 1977).

Sería complejo explicar aquí las características de su teoría y de su sistema de notación musical alternativa; mi limitaré a decir que se basaba en la utilización de líneas y de colores, tal y como queda visualizado en la siguiente "partitura", correspondiente a una canción, que él mismo compuso, basándose en el poema "Andaluces de Jaén", de Miguel Hernández.

Partirura de Sergio Aschero.

He contado la iniciativa y la experiencia de Sergio Aschero porque, pensando en su "Teoría desprejuiciada de la música", se me ocurrió pensar en que lo que Rafa Mora y Moncho Otero estan haciendo con los poetas era algo similar, pero distinto; ellos lo que están creando y practicando es todo un trabajo a través del que la poesía queda bella y atractivamente "desprejuiciada"; término que tiene mucho que ver con el de "digna y hermosamente popularizada".

Y hecha esa observación entro ya de lleno en el concierto del domingo. Yo lo definiría como un concierto que me sometió a la experiencia de ir de "sorpresa en sorpresa", y a cuál más gratificante. Os comentaré algunas:

Moncho Otero y Rafa Mora.

Rafa y Moncho recuperaron y me hicieron descubrir, por ejemplo, a una poeta catalana, surgida en torno a la Generación del 27, llamada ELISABETH MULDER; poeta muy desconocida, por lo menos para mí, pero que ahora, que estoy entrando en su obra, me parece sencillamente genial; una de esas grandes mujeres que supo dignificar su identidad fundamentándola en la libertad, en la igualdad y en su pensamiento totalmente comprometido con los derechos y la dignidad humana.

En concreto Rafa y Moncho nos interpretaron el poema de Elisabeth "Roja, toda roja"; poema musicalizado recogido de la antología "Peces en la tierra. Antología de mujeres poetas en torno a la generación del 27", realizada por Pepa Merlo, en el año 2010, para la Fundación José Manuel Lara.

Este poema-canción podemos escucharlo pulsando el siguiente enlace de "goear":

Elisabeth Mulder.
«Roja, toda roja vi siempre la vida;
como una inmensa hoguera
donde quemaba bien
mi pobre corazón, rojo también.

Todo rojo el camino,
todo rojo el sendero
a seguir
y el día a vivir.
Y rojo el mundo entero.
Rojo de amor.
Y de dolor y de horror...

En este vasto incendio
(brasa, flama, carbunclo),
que todo centelleante apareció
en esa luminaria,
¿qué habia de ser yo,
alma furtiva
y temeraria?
¿Qué habria de ser yo
sino una llama viva?».
("Roja, toda roja". Elisabeth Mulder).

Otra de las sorpresas que me ofrecieron Rafa y Moncho fue una canción basada en fragmentos poéticos de mi bueno amigo JULIO SANTIAGO... ¡bellísimo el poema y la canción!, y ambas cosas juntas... ¡pa'qué contaros!... (Este mismo mes tengo que dedicarle un "cuelgue" a Julio y a su obra poética). 

El poema-canción se llama "Gira el mundo" y podemos escucharlo en el siguiente vídeo realizado por Amaya Sorondo con cuadros creados por el mismo Julio.


«El tiempo se desliza por estos lienzos
como mi saliva se desliza por tu piel
tu belleza es tan inmensa que no te cabe en el cuerpo
ha pasado el tiempo y no guardo lamento de ayer
no existe algo más que milésima de segundo
en la impregno mi pinzel para inventar nuestro mundo
tocas un poro de mi cuerpo y gira el mundo
tocas un poro de mi cuerpo y gira el mundo...».
("Gira el mundo. Julio Santiago)

Y la tercera sorpresa, aunque hubo muchas más, fue la presentación de la joven poeta extremeña SILVIA GALLEGO.  (Rafa y Moncho siempre suelen compartir su espacio "Versos sobre el pentagrama" con algún poeta; ahora apoyando a la nueva generación de jóvenes escritores, entre los que se encuentra Silvia). 

Silvia Gallego nos leyó algunos de sus poemas, que muy pronto serán publicados; poemas en los que se funden, en armonía, el amor, la ternura, su pasión por las palabras, su percepción también "desprejuiciada" del lenguaje; y una visión critica, y con intención humanizadora, de las nuevas tecnologías de la comunicación.

Aparte de su lectura de poemas, Rafa y Moncho, cantaron varios textos escritos por Silvia, entre ellos el titulado "Toco tu boca, me miras", creado a partir del Capítulo 7 de "Rayuela", de Julio Cortázar. Texto con el que pongo fin a esta crónica.

Silvia Gallego.
«Toco el borde de tu boca con un dedo,
cierro los ojos para deshacerlo todo,
nacen los besos que deseo
que mi mano elige,
que dibujo con libertad.

Me miras cada vez más cerca,
en el latido nos superponemos,
nuestros ojos respiran confundidos,
se muerden como labios,
juegan con el silencio.

Mi mano acaricia lentamente la profundidad de tu pelo,
toca esos labios de movimientos vivos, de fragancia oscura.
Nos ahogamos en una sola saliva,
en un breve y terrible absorber el tiempo.
Nos sentimos temblar, como luna en el agua».