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viernes, 19 de octubre de 2012

DE COMO LA SENSIBILIDAD PUEDE TENER NOMBRE PROPIO... «ÉL SE LLAMA CARLOS DE ABUÍN»

Este es sencillamente un "cuelgue" de agradecimiento... 

Es el reconocimiento y la afirmación, "en carne viva", de que la sensibilidad y la ternura pueden tener nombre propio... 

Es un abrazo a la persona que durante varios meses se ha empeñado y ha trabajo intensamente –en nombre de la UNED– para proporcionarme la inmensa alegría que sentí el pasado día 16 en la Sala Galileo... 

Es un "guiño" de complicidad y de gratitud con este amigo:


Su nombre es CARLOS DE ABUÍN...; y no quiero decir nada más; solamente dejar un video –realizado por José Luis Martínez– y dos fotografías que hablan por si solas una vez visto el video:




¡¡¡GRACIAS CARLOS!!!

VÍCTOR JARA VI - «.. Y AQUÍ SEGUIMOS, COMO ÉL NOS ENSEÑÓ: "AFIRMANDO BIEN LA ESPERANZA"»

Víctor Jara. Foto tomada del LP "Canciones póstumas" (1973)

El 11 de septiembre de 1973, como recordábamos en el "cuelgue" anterior dedicado a VÍCTOR JARA, se produjo en Chile el cruento golpe militar que impuso en el poder al asesino Augusto Pinochet como comandante en jefe del ejército y como presidente del país. 

Un once de septiembre trágico y sangriento, en el que Salvador Allende, nunca dispuesto a rendirse, murió en el palacio de La Moneda, defendiendo la legalidad democrática.

Aquel mismo día, el Estadio Nacional –el mismo en que pocos meses antes se había celebrado el homenaje a Pablo Neruda– se convirtió en una inmensa prisión a la que fue conducido Víctor Jara, que en aquel momento se encontraba en la sede de la Universidad Técnica del Estado, en Santiago.

Pablo Neruda durante el homenaje que se le brindó
en el Estadio Nacional el 5 de diciembre de 1972.
El mismo Estadio Nacional pocos meses después
convertido en una inmensa prisión bajo las ordenes criminales
de Augusto Pinochet.

Cinco días después, el 16 de septiembre, lo asesinaron cruelmente. La noticia del asesinato la recogió la revista "Crisis", editada en Buenos Aires, con las siguientes palabras: «Víctor Jara, una de las principales voces de la canción popular chilena, fue asesinado en los camarines del Estadio de Chile. Los militares le habían destrozado las manos a golpes de culata, porque Víctor Jara encendía el ánimo de los presos cantando y batiendo palmas. Lo tirotearon en las piernas y lo dejaron desangrarse: "Canta ahora... –le decían–, a ver si ahora cantas, huevon...». (Y permitirme que yo diga, entre paréntesis, menuda partida de "cabrones").

Fue un trágico, injusto y despiadado asesinato frente al que, como lamentó León Gieco en su canción "Chacarreros de dragones" –dedicada a Víctor– «hasta el cóndor lloró».





Cuando pasados los años se me pidió que escribiera un texto para presentar la antología "Te recuerdo, Víctor" (2000), las palabras desgarradoras de aquella noticia publicado en la revista "Crisis" estuvieron muy presentes en mi mente y en mi corazón e, inevitablemente, decidí retomarlas para desahogar, por fin, el dolor, la impotencia y la "mala leche que en su día me produjeron.

Con un fragmento de aquel mismo texto concluyo los "cuelgues" que he venido dedicando al inolvidable Víctor Jara:

«Un día más "me levanto y miro la montaña"; "abro la ventana y el sol sigue alumbrando por todos los rincones de mi casa"; "vuelan mariposas, cantan grillos"; "mis ojos se llenan de luz" y "esta verde otra vez la primavera"... y aquí sigo –como Víctor me enseñó– "creyendo que la vida no ha sido hecha para rodearla de sombras y de tristezas", defendiendo como puedo nuestro "derecho compartido de vivir en paz", y "afirmando bien mi esperanza" en la certeza radical de que "hoy sigue siendo el tiempo que puede ser mañana".

Han pasado ya bastantes años desde aquel sangriento y despiadado septiembre de 1973. Cuentan que los cobardes fascistas que le destrozaron las manos a golpe de culeta y que finalmente le asesinaron –porque no podían soportar la limpieza y la fuerza de su canto y de su libertad– le gritaron mientras moría: "Canta ahora...;  a ver si ahora cantas, huevón..."... ¡Qué ignorancia la de los que sólo conocen y sólo cultivan la cultura de las armas y de la violencia!... Nada, ni nadie, ha podido silenciar su guitarra trabajadora; nada, ni nadie –ni el más traidor de los disparo– pudo acallar su canto libre y transoceánico; aquel canto de paloma que se echó a volar y que supo habitarnos sin fronteras..., voz clavada contra el alba dormida, levantándose izada, como un toro que surge en una tarde clara».

Antes de finalizar deseo recomendar dos libros fundamentales dedicados a la personalidad y a la obra de VÍCTOR JARA. Son los siguientes:

"Victor Jara. Te recuerda Chile"
de Omar Jurado y Juan Miguel Morales.
Txalaparta, Tafalla, 2003.
"Víctor Jara", de Galvarino Plaza
Ed. Júcar, 1986-
Otros libros recomendados:

"La guitarra y el poncho de Víctor Jara", de Leonard Kósichev, Editorial Progreso, Moscú, 1990.
"Víctor Jara: hombre de teatro", de Gabriel Sepúlveda Corradini. Editorial Sudamericana, Chile, 2001.
"Víctor Jara: Reventando los silencios", de Jordi Sierra i Fabra. Ediciones SM, Madrid, 1999.
"Víctor Jara: Un canto truncado", de Joan Turner. Ediciones B. Barcelona, 1999.
"Victor Jara. Obra musical completa", varios autores. Fundación Víctor Jara. Santiago de Chile, 1998.