Páginas vistas en total

martes, 8 de mayo de 2012

CARLOS CANO NARRADOR - «GALLINAS QUE SE COMEN MARIPOSAS» (Segunda parte)




En el "cuelgue" de hoy, continúo reproduciendo la narración «Gallinas que se comen mariposas» escrita por Carlos Cano en 1972.

Personalmente supe de la existencia de esta narración a través de Fernando Quiñones, Carlos jamás me había hablado de ella... Fernando, que sabía que iba a escribir la biografía de Carlos me dijo: «Tienes que hacerte con esa narración, no tiene desperdicio... ¡Es una maravillosa locura!». Lo complicado fue encontrarla. Había sido editada por Antonio Beneito en su obra "Manifiesto Español o una Antología de Narradores" (1973), pero diez años más tarde –que es cuando empecé a escribir la biografía de Carlos– ese libro de Beneito era muy difícil de encontrar.

Fue entonces cuando decidí dirigirme a la Biblioteca Nacional. Solicité el libro y pedí que me hicieran unas fotocopias de las páginas dedicadas a Carlos. A la salida de la Biblioteca, ya con la narración fotocopiada me fui hacia el Café Gijón donde Carlos me esperaba. (El no tenía copia de aquel cuento, ni se acordaba muy bien de los detalles de su contenido).

Me senté junto a él y le propuse leer juntos la narración; entre sonrojado y sonriente, se me negó en rotundo... Al final lo leímos..., en el fondo lo estaba deseando. Fue una mañana mágica –la recuerdo perfectamente– hablamos de las "Gallinazas de las Desilusiones, hijas del Mediocre Gallo Trágico, que seguían siendo las dueñas de la vida", y de las "Mariposas Musicales y salvadoras, signo de la Ilusión Humana y Llave del Misterio"; y me contó cómo se imaginaba los "Paraísos del Amor Eterno"...

En principio no me permitió que publicara el cuento al final de su biografía, como le había propuesto; pero yo, en aquel momento, conocía bien a Carlos y supe como convencerle...; todo era cuestión de dejar pasar el tiempo y replanteárselo en un momento más "relajao"... Se le replanteé comiendo en un restaurante chino, y muy barato, que había debajo de mi casa, y me dijo que sí, sin ningún problema, mientras saboreaba su copita de "agua chin-gas" –como él la llamaba–. A decir verdad, cuando la biografía ya estuvo publicada solía decirme: «¿Sabes que el cuentito me gusta? Hemos hecho bien en rescatarlo».

Y eso es lo que vuelvo a hacer ahora... ¡volver a rescatarlo!... ¡merece la pena!... Y ahí va la "segunda parte"...

Foto de Juan Miguel Morales.

«Colocando sus manos sobre mi frente habló: "Hermano la misión que te traigo es difícil pero de ti espera el sacrificio: Amor está alarmado por los pocos cerebros que hoy alcanzan plenamente lo Absoluto y viendo que el problema radica en la lenta pero implacable mutación de Sus Rebaños por Gallinazas de las Desilusiones, hijas de Mediocre Gallo Trágico, ha creado un Símbolo de busquedad para los hombres. Ese Símbolo, Signo de la Ilusión Humana, Llave del Misterio, son las Mariposas Musicales. Difícil te será propagarlo entre los hombres a causa de las Gallinazas de las Desilusiones hoy dueñas de la vida, pero debes conseguir que cada ser tenga como ejemplo a una Mariposa Musical para el día en que la muerte, saco roto, la esperanza posea las alas que le ayuden a alcanzar los Paraísos del Amor Eterno. ¡Salud, Copérnico!" Que ¡plof, que desapareció...

Que ¡plom!, que casi "angol péctoris" para Profesor que escuchaba tras puerta puesto. Que no, que no soy Belfegor, ni tampoco alquimista ni loca tentación. Que soy yo, María Camacho, para servir a Dios. ¡Reanímese hombre!, que a usted también Profesor. Que sí, que ahora mismo le traemos la tizana. Tranquilícese, que bien calentita y con unas tostadas. ¡Asistencia!...

Pasaron varios y Profesor repuesto frustrada angina pectoral hablaba Asistencia males que estaba trayendo loco casa. ¡Que hasta él había estado punto muerte!... Que no más turistas desayunos suculentos ni habitación Casa Camacho. Esta alarmada, dio colaboración ahora, pero antes –se dijo– nada malo sería hablar con María, convencerla de no locuras y ¡Copérnico al diablo!...


Carlos Cano trabajando en Bex, Suiza, septiembre de 1964

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... 

–¿No será que cada mariposa simboliza a un miembro de Adoración Nocturna?... –dijo Asistencia antigua congregante.

–¡Vamos mujer –repuso María–, estos son otros tiempos!

–¿Otros tiempos... –dijo Profesor–. ¡Caricatura! o que pasa es que... y la culpa es de...

– ¿Tanto? –dijo Asistencia.

–Más. Por eso lo mejor sería..., a las... competentes. No debemos... el peligro de que ese loco... Ustedes déjenlo de... Por fortuna poseo... para...

–¡Me parece exagerado! –dijo María.

–¡Pero si hasta usted lo ha... repetidas veces con... que por supuesto nada le han... lo que su mente enferma haya...

–... Sus amigas, nada malo. ¡No olvidemos al de Asís! Además, lo que en esta casa haya de hacerse, debo de decidirlo yo que para eso soy la dueña.

–¡A ti lo que te pasa esque "testás namorada" de él y no quieres saber nada más! –saltó Asistencia defensa desayunos.

–¡Callate, que tienes una lengua muy larga!

–¡María, María, que vamos a perdernos por esto! –volvió a gritar golpeando repetidas veces puño izquierdo.

–¡Anda, que todo lo confundes! Cierra esa bocaza y vete a preparar los desayunos de mañana como es tu obligación –ordenó.

(Asistencia fue refunfuñando y diciendo dientes: rusa..., mala..., rusa...).

–Bien, bien –tosió Profesor–. ¿Qué le... a usted, doña María, si... y si no... lo... a las competentes?... Usted... en él. ¿No?...

–¡Desde luego! –respondió–. Pero lo mejor que podría hacer es conocerlo, hablar con él y convencerse a sí que sólo es un buen muchacho.



... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

–Todo fenómeno puede ser... de dos... diferentes, pero Dios sólo de... –dice usted Profesor–. Eso nada aclara digo yo. Después me lo amplía hacia las tentaciones, rebaños, cuarentenas y penitencias oratorias. ¡Desde ahí viene el lío!... Hoy hay que llegar al "contacto por el uso". La imaginación hacia Arriba. Que no, que no divago. Que cada ser tiene su lepidóptero que buscar. Que usted también. Que las ovejas fueron para otros tiempos. Que hoy algo falla. Que mire las consecuencias: que ahora como digerimos tanto barroco?... Solo las Mariposas Musicales nos salvarán. Que yo ya tengo la mía. Que muy fácil. Que sólo desearla fuertemente: que un día fui a buscarla por las ruinas del Monasterio. Que la encontré revoloteando que subía y que bajaba, que yo le hice señas –¡eh, eh!–, que movía sus antenitas como buscando un lugar en donde nadie la voceara, que voló hacia otro árbol y yo detrás de ella, que se posó sobre una rama y yo: que no te asustes mariposilla linda, que soy incapaz de hacerte daño. Que ella de la rama pasa a mi mano –todo normal–, que sube hasta mi cabeza, que divisa, que otea, que nada, que al fin tranquila, que habla, que ya verán esos coleccionistas como un día les "empole" un ojo. Que mariposilla que baja hasta la mano, que la pobre –¡tan sentimental!–, que un día florecilla-agujero y mariposa-palito, que muá-muá-muá, que siempre juntitas –lo juraron–, que luego feo pollastre kic-kic-kic y ñam-ñam-ñam, que deshojaba, sin clorofilas, y otra vez mariposa-palito solitaria. Que poropom-poropom, que mariposa guerrera: que si mi General, que me apunten en la lista, que tal vez de esa forma la olvide, que tal vez luche con la gallinacea esa... Que patrullera ella, que suicida, que llegada hasta el Bosque de la Insignificancia, ¡que gigantes, y redes, y qué ojos!, que imposible la huida o el camuflaje, que voces: que, mira, hijo, un insecto lepidóptero, que advierte su influencia en la cursilería decimonónica –¡que leches que se coman1–. Que luego que la toman y boca abajo y boca arriba y que cuentan sus patitas y que sin este polvo dorado no pueden volar, que espiguita sobre el trasero para ver ¡que blanco lo tiene!... que casi un gusano con alas, que con cuidado: Y mariposa-palito en el frasquito. ¡Ale, un mundo transparente pero limitado. Que ojos, que  más ojos, que la mía es más fuerte, que vamos a echarlas a pelear. Que "palpares citrinus" las que viven en lugares resinosos, que soplidos, que saliva y espiguitas que trastean en el frasquito. Que ¡ay Copérnico, que pie arrancado, que pedacito menos, que poder arrastrar las tardes solitarias del ocaso en cualquier museo naturalista...


Entonces le compré un estuche de colores, y para siempre es mi guía y compañera.


... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

Profesor salió pensativo...


(CONTINUARÁ MAÑANA)