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jueves, 12 de abril de 2012

ANOCHE ESTUVIMOS DE CUMPLEAÑOS CON «PABLO GUERRERO"


Lo dijo Pablo Guerrero al inicio del concierto:
«Esto no es un homenaje, es una fiesta de cumpleaños»
y Santi Vallejo lo ratificó con su trompeta
tocando los primeros acordes del "cumpleaños feliz˝...

Anoche en el Teatro Fernando de Rojas,
del Círculo de Bellas Artes,
 celebramos el cuarenta cumpleaños de «A cántaros».
una canción mítica, creada por Pablo en 1972,
que fuimos muchos los que la cantamos –juntos– contra la dictadura
y posteriormente en los años de la transición democrática...

Tenía que llover y llovió, ¡claro que llovió... ¡a cántaros!...

Después llegaron nuevos tiempos de secano, 
tiempos de pérdida –o al menos de olvido– de los ideales y de los sueños...;
tiempos en lo que las utopías se engrisecieron y perdieron las alas...

Ahora son los tiempos de la crisis,
los del poder del dinero;
los tiempos de una izquierda ramplona, bastante cobarde y aburguesada
y de una derechona prepotente y despreciable;
izquierdas y derechas rancias
que han contaminado el aire y despreciado las nubes.... 

Nuevos tiempos, ¡si!, –¡qué poco me gustan–! en los que después de cuarenta años
aún tenemos que seguir cantándolo –¡gritando!– con Pablo aquello de que
«Tiene que llover a cántaros»


Pero volvamos sobre el concierto de cumpleaños.
Pablo Guerrero salió al escenario y recibió un tremendo aplauso,
el aplauso-abrazo de quienes estábamos allí;
de quienes pensamos que es uno de nuestros más grandes y honestos cantautores.

A su lado, sus músicos: Christian Pérez, Santi Vallejo,
y sus amigos y cómplices de toda la vida
–entrañable gesto de fidelidad y de ternura–
Luis Mendo y Nacho Sáenz de Tejada.

Acompañaron también a Pablo, y a todos los que estábamos allí,
la tremenda sensibilidad de Clara Ballesteros
–alma de este cumpleaños–;
la belleza misteriosa y delicada de Olga Román,
–que cada día canta mejor–;
la solidaridad real y admirable de Ismael Serrano,
–para mi el más "grande" y el más sólido de nuestros jóvenes cantautores–;
y la voz de poetas como Juana Vázquez o Raquel Lanseros
que hermanaron con Pablo su palabra y sus sentimientos.

Y con todos ellos
–anoche en el Circulo de Bellas Artes de Madrid–
llovieron versos y sueños posibles;
llovieron sentimientos e irresistibles guiños de amor y de ternura;
llovieron sonidos transparentes;
llovieron sonrisas, latidos y sentimientos de luna;
llovieron esperanzas y futuro....

Y Pablo Guerrero, como siempre, porque su voz y su canto son insobornable,
proclamó su revolución, ¡la verdadera!... ¡la hoy imprescindible!...
La revolución de la belleza en su estado más puro...
La revolución de la palabra que abraza y ama....
La revolución del corazón que vuela porque está amasado de libertad...
La revolución del hombre que frente a mediocridades, crisis y desesperanzas.
sigue creyendo que los sueños son posibles...


Anoche personalmente fui muy feliz,
¡disfruté mucho!...
Anoche me di cuenta –¡gracias Pablo!– de que habían merecido la pena
los más de 40 años que vengo amando la "canción de autor".
Anoche hubo momentos en que sentí una inmensa emoción,
una emoción traducida en más de una lágrima.
Anoche me senti orgulloso de ser amigo y de amar a Pablo,
–él sabe lo que nos queremos–.

Pero anoche también me sentí indignado, impotente, rabioso... ¡"cabreao"!...
¡Qué lástima de país!... ¡Cómo desprecia a la verdadera cultura!
¡Qué  cabrones e insensibles son sus comportamientos con nuestros creadores!

Tal vez este apartado de mis reflexiones debería callarlo,
pero no puedo... ¡ya está bien de tanto callar!

El grandísimo cantautor que anoche celebraba el 40 cumpleaños
de "A cántaros" tiene pensado y quiere grabar un disco 
recogiendo su mejores canciones de toda su trayectoria, 
y tiene tremendas dificultades para hacerlo porque
no hay quien se comprometa a acompañarle en la producción de ese proyecto.
¡Maldita industria!

Por otra parte, el grandísimo cantautor extremeño es para mí equiparable
a mi admirado Leonard Cohen –y si alguien está en desacuerdo, pues lo siento–
lo que pasa es que en esta España nuestra la pasión, el apoyo y la adoración
hacia los grande creadores es inviable. 
¿Envidia, incapacidad, o simplemente insensibilidad?

Anoche mirando a Luis Pastor –otro grande, ¡muy grande!–
 no podía resistirme a retomar su pregunta-poema:
«¿Qué fue de los cantautores?»...
Yo me preguntaba: «¿Dónde estaban anoche los cantautores?»...
En el concierto, aparte de los que cantaron, no había ni diez –los de siempre–...,
y anoche era una noche muy especial, no solamente por Pablo, y para Pablo,
sino porque fue un acontecimiento importante para la canción de autor,
porque fue un momento clave, pienso yo, para seguir reivindicando la libertad
y los derechos humanos... : para seguir proclamando que la libertad
no es solamente una palabra escrita en una constitución, en una pancarta,
o en una pared.
Anoche era, de alguna forma, la gran noche de la canción de autor.


Pero volvamos a lo importante, por lo menos a lo que a mí más me lo pareció:
En el escenario del Teatro Fernando de Rojas pudimos ver, escuchar y tocar
a un hombre bueno, generoso, tierno, solidario y humilde...
¡Tremendo poeta! ¡Grande músico! ¡Cantor hondo!...
¡Que saca las fuerzas del alma! ¡Qué canta como respira!
¡Que sabe de luchas y atesora sueños!
¡Que ama y es deseablemente amado!...

...Y debo terminar... Permitirme hacerlo con una confidencia:
Anoche cuando llegué al teatro me sentía cansado, muy cansado...;
acosado por esas tentaciones que a veces me entran de rendirme,
sobre todo cuando me siento, o me hacen sentirme, envejecer...
...y anoche salí del teatro liberado, con más fuerza que nunca,
y ¿sabeis por qué?...
porque en cada gesto, en cada canción, en cada mirada de Pablo,
sentí que me gritaba ¡VIVE!...
Y hoy aquí estoy, dispuesto a vivir y a soñar, con más fuerzas que nunca aquello de que
TIENE QUE LLOVER A CÁNTAROS.

Para concluir este largo "cuelgue", por si alguien no conoce el texto de la canción
"A cántaros" aquí lo tiene:

Primer LP de Pablo Guerero ediado en 1972.
«Tú y yo, muchacha, estamos hechos de nubes
pero, ¿quién nos ata?
Dame la mano y vamos a sentarnos
bajo cualquier estatua
que es tiempo de vivir y de soñar y de creer
que tiene que llover
a cántaros.

Estamos amasados con libertad, muchacha,
pero, ¿quién nos ata?
Ten tu barro dispuesto, elegido tu sitio,
preparada tu marcha.

Hay que doler de la vida, hasta creer,
que tiene que llover
a cántaros.

Ellos seguirán dormidos
en sus cuentas corrientes de seguridad.
Planearán vender la vida y la muerte y la paz.
¿Le pongo diez metros, en cómodos plazos, de felicidad?

Pero tú y yo sabemos que hay señales que anuncian
que la siesta se acaba
y que una lluvia fuerte, sin bioencimas, claro,
limpiará nuestra casa.

Hay que doler de la vida, hasta creer,
que tiene que llover
a cántaros»