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martes, 27 de marzo de 2012

MARTIRIO II - UNA NUEVA DIMENSIÓN DE LA "CANCIÓN DE AUTOR" EN ANDALUCÍA

Martirio.

El primer "cuelgue" que le dedicaba ayer a MARTIRIO podría haber concluido con estas palabras de Héctor Marquez tomadas de su biografía: «Entonces Maribel, como si fuese una superheroína, sacó de su magín un personaje, Martirio, una suerte de tonadillera posmoderna ataviada de vestidos conceptuales e imposibles, peinetas delirantes y hermosísimas y unas sempiternas gafas oscuras que servían tanto de antifaz para ocultar su identidad civil, como de elemento glamouroso».

Ella misma refiriéndose a aquellos inicios profesionales y artísticos decía: «Martirio simboliza el futuro, la esperanza, un personaje abierto sin prejuicios, que busca y quiere comunicar, mientras vive por la pasión y el amor. Es un personaje que me permite sacar ese otro yo capaz de hacer cosas más fuertes que la simple Maribel Quiñones.[...] Es un personaje que ha evolucionado. Al principio era muy impresionista[...]. Lo que quería transmitir era una mujer libre, sin ataduras, desenganchada del sufrimiento. Una mujer puente entre la generación de nuestras madres y la de ahora».

Puente que ella, mejor que nadie, supo tender –por ejemplo, en los años de la famosa movida madrileña– entre la auténtica música del Sur y el alma y el sentimiento de muchos jóvenes –y no tan jóvenes– de los ochenta que en aquel momento, desconocían –y despreciaban por ello– la cultura musical andaluza; puente por el que circuló, y sigue circulando, la copla, renovada y dignificada en su voz y en su sugerente y provocativa presencia.



La primera aparición de Maribel Quiñones como Martirio tuvo lugar en la Plaza de San Andrés, en Sevilla, e 8 de marzo de 1984; presentación que ella recuerda y narra en su libro titulado "La vuelta a Martirio en 40 trajes":

«Canté "Estoy mala" arropada por la guitarra de Kiko Veneno y la percusión de Manuel Salado».

«Son las ocho menos cuarto
me tengo que levantar
lavar y vestir a los niños
y preparar las tostás
¡Qué a gusto me quedaba en la cama todo el día
otra vez el mismo rollo
todos los días lo mismo, ¡qué fatiga! 

Y es que no puedo con mi cuerpo,
no tengo ganas de na
necesito una pastilla para ponerme a funcionar.

Y es que estoy mala, muy mala,
mala de acostarme,
y es que estoy mala, muy mala
mala, mala, mala de acostarme.

Lo saben todas mis vecinas
por las paredes se enteran
que me acuesto con mi Manolo
pero los muelles no suenan
¡Ay!, pero los muelles del somier no suenan.

Y es lo que le digo a él
y no se quiere enterar
que estando mala, estando mala
no se tiene cuerpo pa na».

«Iba con una peineta enorme, gafas negras y un mantón de manila. Recuerdo el miedo y la excitación, el vértigo. Aquello era nuevo, un territorio inexplorado, resbaladizo y contundente. El personaje y su lenguaje habían salido de nuestra manera de ver las cosas entonces, pero venía con la mochila llena de referencias anteriores e interiores. Más tarde, comprendí que el efecto inmediato de aproximación colectiva que provocó aquel personaje sincrético que aunaba muchas tendencias y referencias estéticas, sociológicas y musicales se producía en un momento en que había un hueco que llenar y me tocó la misión de encarnarlo. Aquella noche, Martirio se estaba abriendo paso a través de mí [...]. Con Martirio desarrollé un campo de creatividad que se convirtió en mi carrera y en mi objetivo para crecer como persona».

Cubierta del maxi-single editado por Martirio en 1988.
Cubierta de Aurelio Díaz Trillo "Buly".


Tras la grabación de su primer disco "Estoy mala" del que hablábamos ayer, Martirio grabó un segundo disco al que tituló "Cristalitos machacaos" (CBS, 1988). Disco del que extrajo un maxi-single, ilustrado por Aurelio Díaz Trillo "Buly", que contenía tres canciones: "La perla", "La otra casa" y "Sevillanas de los bloques". En aquella ocasión, Martirio contó con grandes colaboraciones como las de Pata Negra, Javier Ruibal, Isidoro Sanlúcar o Vicente Amigo.

«En ese segundo disco –cuenta Martirio–, que había despertado muchas expectativas, tomé la actitud de defender mi criterio y mi idea de la evolución artística que debía seguir mi personaje. Era la hora de la verdad. Por eso empuñé el abanico y aparecí con una imagen mucho más retadora. Yo era el torero, el toro y el picador, y, al mismo tiempo, formaba parte insólita del respetable».



«Lo que empezó siendo un juego se había convertido en mi carrera. Y en la de otros. La responsabilidad no era ya solamente mía. Trabajaba con más de veinte personas. [...] Y allí estaba ella, ¡magnífica! ¡maravillosa! ¡irresistiblemente atractiva!...; un ser humano tierno, sensible, libre,  y preciosamente descarado; una persona de la que resulta imposible dejar de enamorarse...; y además una mujer muy bella, con uno ojos y una mirada impresionantes... MARTIRIO «un altavoz –como ella misma afirma– para que MARIBEL expresara lo que sentía»...