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domingo, 27 de noviembre de 2011

"CANTIJUEGO" DEDICADO A LA VEJEZ Y A LA TERNURA

Hoy quiero que nuestro habitual "cantijuego" nos sirva de pretexto para rendirle un cariñoso homenaje a nuestros ancianos y a nuestras ancianas, y a la "vejez" que –queramos aceptarlo, o no–, es como un eclipse que se va produciendo lentamente, o demasiado deprisa, de la apasionante y apasionada aventura de vivir.

Hay un poema de Jaime Gil de Biedma –que musicalizó y cantó Loquillo en su disco "La vida por delante" (1994), y Mariona Segarra en "Lent, lent... Corrent!" (2009)– con el que hay momentos en que me siento muy identificado; el poema se titula "No volveré a ser joven" y dice así:

Jaime Gil de Biedma.

«Que la vida iba en serio 
uno lo empieza a comprender más tarde,
como todos los jóvenes yo vine 
a llevarme la vida por delante. 
Dejar huella quería 
y marcharme entre aplausos 
envejecer, morir, eran tan sólo 
las dimensiones del teatro. 
Pero ha pasado el tiempo 
y la verdad desagradable asoma: 
envejecer, morir, 
es el único argumento de la obra».

Aunque es verdad que hay momentos en los que la palabra de Gil de Biedma me atrapa; también lo es que hay otros momentos en que la vejez me inspira una inmensa ternura –sin duda, la ternura que reivindico y reclamo para mí mismo a las puertas de mi propio envejecimiento–; a esa ternura es a la que hoy quiero dedicarle "mi.nuestro" "cantijuego".

A continuación voy a copiar 10 fragmentos de textos de canciones que hablan de la ancianidad y de la vejez; todos van a aparecer escritos en castellano aunque algunos de ellos han sido cantados en otra lengua, por ejemplo, en catalán; en estos casos –con permiso de sus autores–  copiaré y "cantijugaremos" con los textos traducidos.

El reto –creo que hermoso– que hoy nos vamos a plantear es, sencillamente, identificar cuál es el título de cada una de estas canciones y el nombre de su autor, autora, o intérprete... 

Y sin más preámbulos, ¡empezamos!... Empezamos a gozar con la lectura de estos diez textos –que en sí mismo merece la pena–, y a ponerle nombre y autor a tanta belleza y sensibilidad.

1
«En la taberna del mar está sentado un viejo,
la blanquecina cabeza decaída,
enfrentado al periódico porque nadie le hace compañía.
Conoce el menosprecio que los ojos tienen por su cuerpo,
sabe que el tiempo pasó sin gozo alguno,
que ya no puede dar el antiguo frescor de la belleza que tuvo.
Es viejo, lo sabe muy bien, es viejo, se da cuenta,
es viejo, y lo nota cada vez que llora [...].
En la taberna del mar está sentado un viejo,
que, de tanto recordar, tanto soñar,
se ha quedado dormido en la mesa».

2
«Siempre te recuerdo vieja
sentada frente al portal,
repasando antiguas mudas
que ya nadie se pondrá [...]
Siempre te recuerdo vieja
zurciendo la eternidad
con tus palabras menudas
ocultando la verdad».

3
«Nadie sabe muy bien con lo que sueña
pero en la vieja tasca todo el mundo sabe que es poeta,
y que perdió la guerra y fue marinero
en Tánger o Tetuán. Pero nadie sabe lo que sueña.
Nadie sabe muy bien cual fue su guerra
pero en la estrecha tasca todo el mundo le llama coronel;
y que vivió en América los años de posguerra
y que son Antonio Machado y Hernández sus poetas».

4
«Y se cogen de las manos
los viejos amantes.
Y recuerdan, como ayer,
las flores que cortaron.
Se miran y lo saben todo,
no tienen que decir nada, ninguna palabra.[...]
Y se acunan cada noche
como dos niños pequeños.
Y se cogen de las manos
los viejos amantes.
Y se preguntan «¿Estás bien?
¿Hoy no te duele nada?»

5
«Se levanta muy temprano 
con todo el día por delante. 
Y da vueltas por la casa, 
estorbando en todas partes. 
Se anuda al fin la corbata, 
en tiempos tan elegante. 
Lo mismito que un pincel 
el viejo se echa a la calle.[...]
Con un vinito en el cuerpo 
el viejo a su casa se abre. 
Ella lo espera en la puerta. 
"Menudo cuerpo me traes". 
Comen los dos en silencio. 
De vez en cuando una frase 
rompe las cuatro paredes. 
"¿Decías algo?¿Me hablaste?".
Son tantos años de oírse 
que no saben escucharse. 
"¿Sabes algo de los chicos?" 
"El mayor llamó ayer tarde". 
Pasan el tiempo en silencio. 
Después de comer no salen. 
Luego cenan y ven tele 
un ratito y a acostarse».

6
«En la casa que está en la orilla del mar,
cinco hijos forjó percadores del mar;
que un Diciembre febril, lleno de tempestad,
no volvieron a tí, se los quedó la mar. [...]
En la orilla del mar se perdió tu reir 
y en la orilla del mar tú aprendiste a sufrir. 
En la orilla del mar envejeció tu piel 
y en la orilla del mar tú inventaste la fé».

7
«Por una calle de Cáceres
bajaba un viejo.
En sus ojos lleva el alma
que sostiene su cuerpo.
El cigarro en la oreja
y el paso lento
y en su frente los surcos
del sol y el tiempo [...]».

8
«Iba yo de tu mano pequeñito
las cosas gigantescas que miraba
eran como por siempre inalcanzables
pues el tiempo a mi edad nada importaba.
Al evocar tu voz y tu ternura
en hermoso paseo hacia el "masluz"
me volcabas la fe de tu alma pura
para que un día creyera como tú.
Y llegabas saludando a tus hermanos
al señor Evangelino, a Doña Flor
y en aquella enorme silla me sentabas
y entonábamos un cántico de amor.
Hoy me recuerdo abuela, pequeñito,
descubriendo tu voz y tu ternura
y aunque sólo en el hombre crea, admito,
que tu canto creció con mi estatura».

9
«Abrí la puerta
y teníais las manos enlazadas [...].
Pensasteis que tan mayores
no hay que hacer estas cosas,
pensasteis que con la edad
eso no tiene el encanto de los jóvenes,
que qué va a decir la gente,
mejor ser más discretos y...
No supe deciros
cómo me gustaba veros,
no supe cómo decir
que vuestro goce tan tímido
abría espacios de amor
donde estaba escrito que...
lo viejo es tan bello,
lo viejo es tan bello
que se abren los límites
del tiempo, del arte, del canto, de mí, de ti, del mundo... la vida».

10
«Mi abuelo llegó en un barco, pero se trajo la luna
dibujada en un pañuelo que un día colgó en mi cuna.
La inmensa luna diamante era la mejor fortuna
que acompañó al emigrante de aquella España lorquiana y dura. [...]
No sé si he podido ser lo que él soñó que yo fuera,
lo cierto es que, mire usted, mi abuelo fue mi primera escuela, [...]
Mi abuelo tejió mi hamaca con los hilos de la luna, 
abuelo pintó mi infancia con un verdor aceituna.
Se puede viajar el mundo en los ojos de un abuelo
que nos regala la luna dibujada en un pañuelo». 

Y para concluir, ¡ya sabes!... si quieres "cantijugar" o seguir la marcha del "cantijuego" asómate un ratito  al apartado de "comentarios"... ¡Allí te espero!.

¡MALDITAS GUERRAS! 100 + 100 + 20

Hoy vuelvo sobre esa ficción, que algún día podría hacerse realidad, conocida como "Star War" ("Guerra de las galaxias") –que, por cierto, es algo que me repugna– . ¿Os imagináis que una mañana, como la de hoy, nos levantáramos y viéramos nuestras calles invadidas –o mejor. "apestadas"– por una escena como esta?

Darth Vader, oscuro y despiadado personaje
seguido de su panda de pistoleros herméticos y sin alma.

Sé que esto es algo relacionado con la "ciencia ficción", pero tan solo imaginarlo me produce miedo y terror... ¡Que le vamos a hacer!... Yo soy así...

Frente a esa situación –sea real, o no– se me ocurre proponerle a Darth Vader la siguiente alternativa:



En esta mañana de domingo, mi alternativa, aunque sea de corto alcance –soy consciente de ello– es clara, apasionada y apasionante:

¡VAMOS A DARLE A LA PAZ 
UNA OPORTUNIDAD!... 

Vamos a soñar con que la paz es posible y ¡echémonos a volar!, porque como dice Fernando Savater