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lunes, 7 de noviembre de 2011

ANDRÉS DO BARRO I - EL DERECHO AL RECUERDO

En este momento de mi vida, en lo que se refiere a mi pasión por la música y la canción, tengo dos claros objetivos que intento que sean las coordenadas esenciales de este blog: 

El primero es dar a conocer a los jóvenes creadores. Es muy importante el trabajo poético y musical que están realizando muchos de ellos, y creo que es de justicia que se les ayude para que sus esfuerzos, sus ilusiones y, sobre todo, sus creaciones puedan ser conocidas.

Mi segundo objetivo –nunca me cansaré de repetirlo– es "defender la memoria contra el olvido"; objetivo que en este caso se concreta en hacer todo lo que esté en mis manos para que el paso del tiempo no consiga que se ignore y se olvide el trabajo que realizaron, en el pasado, creadores que aportaron mucho a nuestra música popular, y a los que no siempre se les ha tratado con justicia. Pienso que todos los creadores que han sido honestos y que nos han hecho participar de su sensibilidad deberían poder disfrutar del "derecho al recuerdo".

Respondiendo a ese segundo objetivo, hoy y mañana voy a reivindicar el "derecho al recuerdo" de este joven que aparece en la fotografía:


Su nombre es Andrés Lapique do Barro (Andrés do Barro) y nació en El Ferrol, el 1 de octubre de 1947. Hijo de un coronel de la armada, pasó los primeros trece años de su vida en su ciudad natal, sin sospechar que años después se dedicaría a la música. En aquel tiempo, durante los veranos, se trasladaba, junto con su familia, a San Martiño do Porto, pequeña aldea en la que pasaba las vacaciones, y en la que realizó importantes descubrimientos que posteriormente fueron decisivos en su vida y en sus canciones.

«En aquella aldea –recordaba Andrés–, mis amigos eran los naturales del lugar. De ellos aprendí muchas cosas que, de haber continuado dentro de mi educación familiar burguesa, siempre habría ignorado. Aprendí su idioma, que es el mío, el que siente mi corazón; aprendí su filosofía...; aprendí a conocer Galicia, que no puede ser nada sin todo ello».

Cumplidos los trece años, trasladaron a su padre a Bilbao, ciudad que pasó a ser su nueva residencia.

«Era la primera vez que me iba fuera de lo que consideraba lo mío –seguía diciendo Andrés–. Allí, en mis momentos de "morriña", que fueron muchos, y durante dos años, me preguntaba por que habría yo cometido la estupidez de conocer la filosofía de mi pueblo; si no hubiera sido así no lo echaría tanto de menos. Sentía ganas de cantar, de desahogarme. Tras mi insistencia, los "reyes" me trajeron una guitarra. Tardé mucho tiempo en aprender a tocarla, pero no me preocupaba, pues mi placer era inventar sonidos extraños y notas raras».

Dos años después toda la familia tuvo que trasladarse a Madrid, donde Andrés estudió Marina Mercante y donde empezó a componer sus primeras canciones en inglés y en gallego, germen de lo que, a partir de 1969, se convertiría en su breve, pero intensa, carrera como cantante. Una carrera singular, caracterizada por el amor hacia Galicia, y, sobre todo, por la reivindicación y la defensa de la maltratada lengua gallega, que él consideraba parte esencial de su propia identidad.

«Me llamo Andrés y soy gallego –reafirmaba en otra de sus declaraciones–, conocí un gallego que decía que le fastidiaba serlo porque se le notaba. A mí también se me nota, y me siento orgulloso. Adoro mi tierra norteña, verde y lejana, primitiva y olvidada, madre fertilísima de hombres que han ido sembrando sus vidas por tierras de España, Portugal, América... Galicia de dentro, presente y Galicia de lejos, ausente y "saudosa" han condicionado mi música: han ido escribiendo las sencillas notas de mis canciones... Mis canciones son en gallego porque así las he sentido y porque quiero colaborar con todo interés y cariño a dignificar mi idioma materno, caído durante muchos años en el más cruel menosprecio».

Planteamiento en aquel momento valiente y arriesgado dado el contexto social y político en el que se produjo. Recordemos en ese sentido, por ejemplo, estos versos de Celso Emilio Ferreiro, grandísimo poeta gallego que en 1966 tuvo que emigrar a Venezuela.

«Lingoa proletaria do meu pobo,
eu fáloa porque sí, porque me gosta,
porque me peta e quero e dame a gaña;
porque me sai de dentro [...].

Eu fáloa porque sí, porque me gosta
e quero estar cos meus, coa xente miña,
perto dos homes bos que sofren longo
unha historia contada noutra lingoa».
("Deitado frente ao mar")

Celso Emilio Ferreiro.
«Lengua proletaria de mi pueblo
la hablo porque sí, porque me gusta,
porque se me antoja, quiero y me da la gana,
porque me sale de dentro [...].
La hablo porque sí, porque me gusta
y quiero estar con los míos, con mi gente,
cerca de los hombres buenos que sufren largamente
una historia contada en otra lengua».

Andrés do Barro con aquellos planteamientos reivindicativos de la lengua y de la identidad más cotidiana del pueblo gallego, en 1969 grabó su primer disco con la compañía RCA; disco con cuatro canciones: "Por non poder", "A uns ollos verdes", "Homes" y "Deixa que chova"... Primera obra que pasó prácticamente desapercibida pero que fue el inicio de una interesante trayectoria artística que presentaré en el "cuelgue de mañana".

Si a alguien le interesa evocar, en este momento, la voz de Andrés do Barro –su música y sus canciones–; voz que seguiré reivindicando mañana contra el olvido, puede escuchar su canción "Meu amor"–grabada a principios de los años 70– en:
http://www.youtube.com/watch?v=L25NJjVRed4&feature=related