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lunes, 31 de octubre de 2011

«MUERDO». LA GRANDEZA Y LA DIGNIDAD DE UN INSURRECTO ESPERANZADO


Esta mañana, refiriéndonos a la canción "Mensajes del alma" de León Gieco, recordaba dos de sus versos: «Qué dignidad tan grande la de creer en la vida / con sólo ver una flor brotando entre las ruinas»...; pues bien, hoy voy a dedicar este "cuelgue" a un hombre concreto que posee la grandeza de esa dignidad; un joven compositor que nos dice cantando:
«Hay en la ciudad
algo que va naciendo debajo de tu piel,
raíces que el asfalto van rompiendo.
Imaginad, flores entre el acero,
mundos transformándose,
vidas que rompiendo van,
luz sobre la oscuridad».

Este hombre que proclama su fe y su esperanza en la vida al imaginarse "unas raíces que rompen el asfalto" y "una flor entre el acero" –extraordinaria "razón utópica"–, se llama "Muerdo" (Pascual Cantero); acaba de publicar un CD titulado precisamente así: "Flores entre el acero"; y es uno de los jóvenes creadores que en este momento está siendo capaz de darle un aire auténticamente renovador a nuestra "canción de autor".

Diseño gráfico e ilustraciones de Rocío Merlos.


Muerdo, con su disco, viene a desmantelar por completo un tópico que desde hace tiempo amenaza y desprestigia –al menos teóricamente– a los llamados "cantautores" –me refiero a los "auténticos", a los que Luis Pastor va a dedicar su próximo disco titulado «¿Dónde están los cantautores?»–; ese tópico consiste en afirmar –generalizando– que en el universo del género conocido como la "canción de autor" existe un divorcio entre sus textos, o contenidos poéticos –más o menos comprometidos–, y la música, que, según dicen sus resabiados detractores, siempre se subordina, empequeñeciéndose, a los contenidos verbales.

Pascual Cantero "Muerdo", rompiendo con todos esos planteamientos nos ofrece una obra en la que queda demostrado que se pueden hacer canciones de extraordinaria belleza, fuerza y calidad musical –como son las suyas–, con textos contundentes y enraizados a la realidad...; textos de lenguaje claro y directo, profundamente críticos y autocríticos –hasta el extremo de la «insurrección»– y, a la vez, apasionados, apasionantes, de alto vuelo poético y descaradamente esperanzadores. Nos dice, por ejemplo:

«Y como el agua a la sed,
como al pulmón el cigarro
así he de darme al querer. [...]
La vida es como un río
y se secan las flores
si faltan los abrazos
y sobran las razones
para empezar a hacerte
consciente de tus pasos
que ya van varios años
andando a trompicones».
("Amor y culpa")

Fotografía de Juana Chi.
«Voy a saltar, borrar el miedo,
voy a juntar voluntad y deseo,
y voy a vivir, vivir creciendo.
Solo esta vez, pero sincero,
voy a empezar a escuchar lo que siento
y todo irá bien, me lo prometo».
(“Me lo prometo”)

E insisto –no me importa ser reiterativo–, esta poética vital y comprometida de Muerdo, cuando se transforma en canción, adquiere fuerza y se redimensiona; se impregna de ritmo y de dinamismo, y te "toca"... ¡vaya si te toca!...; te toca y te remueve... ¡te «muerde» hondo!...; te hace cerrar los ojos y sentir como tuyos sus latidos... –¡qué bien canta este Pascual!–... A ello contribuyen –hay que decirlo– el magnífico equipo que le acompaña en la grabación: David Rodríguez Rojo, Adrián Bartol, Samuel Vidal, Alejandro Martínez –¡cuanto le admiro!–,  Lupita Ainá, José Garres Aguilar, Marino Saiz, María Rozalén, Kanta, la colaboración de Joaquín Castro (Joaq) y la producción y los coros de Rocío Ramos.

En fin, nos encontramos con un CD, compuesto de once temas, y un guiño final, que sorprende; que al menos a mí me ha sorprendido por sus planeamientos –¡todos!–, por su calidad, y, sobre todo, por su grandeza y su dignidad... Muerdo tiene mucho que aportarnos con sus "hermosos pecados", con sus "insurrecciones" –a las que hace muy pocos días le dedique uno de mis "cuelgues" contra la guerra–, con sus "promesas""fragilidades"...; «bebiendo la vida»..., «compartiendo tragos»..., «escuchando a los sentimientos»...; «juntando voluntades y deseos»..., «abriendo puertas y ventanas»..., «borrando miedos»..., «cuidando las alas»..., «armando el corazón»..., «piedra y cristal»..., «viento»..., «volver a volver»..., y a fin de cuentas –uniendo su voz al pensamiento y al voz de Aute– «amar..., prefiero amar».


Luis Eduardo Aute y Muerdo. (Fotogragía de I. Martín).

«Me dice el corazón
que no soy de este planeta,
que caí de algún cometa
fuera de circulación,
O acaso sea un clon
de algo así como un salvaje
que articula algún lenguaje
de una extraña dimensión.


Porque sucede...
que entre la fe y la felonía,
la herencia y la herejía,
la jaula y la jauría,
entra morir o matar
prefiero, amor, amar,
prefiero amar, prefiero amar,
prefiero amor, amar».

Quisiera finalmente, al hilo de esta canción de Aute, hacer una última consideración que considero importante; me refiero al encuentro generacional, musical y emocional que supone que Pascual Cantero se haya fijado y haya elegido en esta canción  –¡bellísima!– como final de su disco; y que Eduardo, con su acostumbrada y contundente generosidad, se haya querido unir –¡sé que encantado!– a la voz y a la sensibilidad de Pascual... Con gestos como éste, a mi –por lo menos– se me realimenta la pasión que siento hacia nuestra "canción de autor" –me gusta llamarla así–..., y además me da alegría... «Eduardo, amigo, ¿te das cuenta?... ¡ahí está el futuro y la esperanza!... ¡Cómo canta este Pascual del alma!... ¡Así da gusto!...; así seguimos y podremos seguir: "Cantando como quien respira"».

LEÓN GIECO. "CRÓNICA DE UN SUEÑO"

León Gieco.
Hace unos meses, con motivo de uno de sus viajes a España, Alejandro Romano –creador y alimentador apasionado del blog "El Templo de las Borracheras"– me regaló un libro biográfico de uno de los compositores e intérpretes argentinos que más admiro: León Gieco. El libro se titula "Crónica de un sueño" (Ed. Planeta, 2011)está escrito por el periodista Oscar Finkelstein –con la colaboración del propio Gieco– y es la segunda edición –actualizada– de una obra que ya se había publicado en 1994. 

Para empezar a hablar de este libro –de más de 500 páginas– llamo la atención sobre su cubierta...; ¡es genial!...; ahí tenemos a un Gieco-niño sencillamente formidable...; ¡que cosita más linda!

Como a principios de noviembre –es decir, ¡ya!– Gieco tiene anunciada la salida de su nuevo disco titulado "El desembarco"; y como, además, el próximo día 20 es su cumpleaños, me reservo para esos acontecimientos el dedicarle varios "cuelgues" inspirados en esta "Crónica de un sueño"; no obstante quiero anticipar un texto escrito por Mercedes Sosa que aparece como prólogo del libro; es un hermoso texto en el que se pone de manifiesto la buena y entrañable amistad que compartieron y la grandeza humana del cantor argentino.

«En el año 83, cuando canté en Ferro y me dijeron "tenes que presentar a Charly –Charly García– y a León", me surgió decir que Charly era el número uno pero que el más amado era León. En realidad, yo conocía muy poco de ellos dos. La vida, por otro lado, me ha ido llevando a saber que hay muchos número uno pero pocos artistas verdaderamente queridos por el público. Además, los número uno pueden caer. No es el caso de León, que está muy conectado con la gente del pueblo, con sus dolores, con sus angustias, quizás por haber tenido siestas pueblerinas en su infancia…

Como dije muchas veces, si no hubiera un León Gieco habría que crearlo, porque es un artista necesario. No hay con quien se lo pueda comparar. No hay nadie que tenga la dimensión de León Gieco.


"Corazón americano". Disco grabado en vivo en el estadio  Vélez Sarsfield
el 21 de diciembre de 1984. Participaron en el concierto Merdedes Sosa,
León Gieco
y Milton Nascimento.
Todas las personas tenemos cosas buenas y cosas malas. León ha visto mis lados malos pero yo nunca pude encontrarlos en el. La humildad, la colaboración, la solidaridad, no son valores muy frecuentes. León los tiene todos. Es de esas personas que miran de frente, que no esconden sus sentimientos. Además, lo adoro como artista, me encanta su voz, me gusta su actitud y su entrega en el escenario. Y cuando se ríe de mí porque me encuentra actitudes de diva, cosas antiguas que uno va tratando de dejar de lado, siento que estoy aprendiendo. Estoy muy contenta de tenerlo como amigo, y de tenerla a Alicita como amiga; son un dúo poderoso, una pareja en serio.

El hecho que León sea una buena persona es para mí una alegría y hasta una sorpresa. Pero lo admiro profundamente como artista. Desde que fuimos por primera vez a Alemania y todo un teatro de pie con sus encendedores prendidos coreaba "Solo le pido a Dios", me di cuenta que era un artista único y universal. Los jóvenes que estaban allí esa noche comprendieron que lo que León canta son versos verdaderamente universales. Por eso lo entendieron, lo apoyaron y lo hicieron suyo desde ese momento.

Y yo no tengo proteccionismo con León Gieco. Al contrario, siento que el me protege. León es para mí como un hermano muy joven, rubio y de ojos verdes. Nunca pensé en tener amigos artistas porque en muchos casos admiro su obra pero no a ellos como personas. Por otro lado, no podría ser amiga de un artista mediocre. Con León no hay ningún tipo de problema. Es un gran artista y un gran amigo, de esos que no se guardan nada ni en las malas ni en las buenas. 


León Gieco,  Mercedes Sosa y Milton Nascimento.
Además, León es un cable a tierra porque puede ver las cosas con mayor panorama y con mayor sencillez. Una vez estábamos en San Pablo cenando en un restaurante muy lujoso con directivos de la Polygram y yo, sin pensarlo, dije que el vino era una porquería. León me dijo que yo era increíble, que me trataban como a una diosa, me atendían, me llevaban a los mejores lugares, me daban todos los gustos, y yo tenia la caradurez de quejarme por el vino. Sin decírmelo, me estaba diciendo "pará loca, no te hagas la estrella". Fue un aviso, un gesto que me hizo muy bien. Es necesario tener amigos así, porque León, a diferencia de otras personas que me aman tanto que no ven mis cosas malas, me dice todo lo que me tiene que decir sin dejar de amarme.

Nazim Hikmet decía, que había bebido los mejores vinos y comido las mejores comidas pero que lo que le recordaba los mejores momentos de su vida eran las canciones. Por eso cuando escuche "Mensajes del alma" me alegré tanto; comprobé una vez más la inmortalidad de la canción y un nuevo reverdecer de León. Me pareció muy importante que les escribiera canciones a sus hijas y que siguiera hablando de los temas que nadie menciona, sin olvidarse de la poesía. Esa combinación de testimonio y poesía hacen de León un artista diferente. Único. Irrepetible”.

En la canción "Mensajes del alma", citada por Mercedes, hay dos versos que desde el día que se los escuché cantar a Gieco, por primera vez, decidí convertir en faro, o en estrella, en mi caminar por la vida. Esos versos son éstos:

«Qué dignidad tan grande la de creer en la vida
con sólo ver una flor brotando entre las ruinas».