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sábado, 9 de julio de 2011

¡MALDITAS GUERRAS Y MALDITA VIOLENCIA! - 100 + 6

A quien corresponda por haber matado a Facundo Cabral:

¡¡¡¡ASESINOS!!!!
¡¡¡¡MALDITOS SEÁIS!!!

FACUNDO CABRAL. "ESPÉRAME EN EL CIELO CORAZÓN"

Facundo Cabral. Autorretrato extraído del LP grabado
en vivo en el teatro Embassy, de Buenos Aires, en 1972

La noticia es brutal, me la hacía llegar hace un momento Maria Gabriela Cigarran desde Buenos Aires: «El cantautor, o trovador, argentino FACUNDO CABRAL ha muerto asesinado a tiros por unos sicarios. Acababa de terminar una gira en Guatemala y se dirigía hacia el aeropuerto internacional de La Aurora, en el sur de Ciudad de Guatemala, cuando un grupo de desconocidos le ha acribillado dentro de la furgonota en la que se desplazaba».

En los próximos días tendremos más información sobre este doloroso acontecimiento, por mi parte, en lugar de escribir sobre su muerte, voy a hacerlo sobre su intensa y apasionante vida, y sobre su obra; creo que es la mejor forma de rendirle mi homenaje y de expresarle –si pudiera escucharme– que le quiero y que es mucho lo que he recibido de él y de sus canciones. (Estoy convencido que me va a salir un "cuelgue" muy largo, pero no me importa, ni debe importarnos, él y la reivindicación de su memoria contra el olvido, se lo merecen)

Facundo Cabral.
Antes de nada me viene a la memoria una frase que le escuché en una de sus últimas estancias en España; decía Facundo: «Cuando un pueblo trabaja Dios le respeta; pero cuando un pueblo canta, Dios le ama». 

Este gran hombre, amado por sus canciones y por su pasión por la libertad nació el 22 de mayo de 1935 en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires; vivió una infancia realmente dura y conflictiva; el mismo hablaba de ella en un reportaje que le hizo Pipo Lernoud, periodista y escritor que fue clave en el nacimiento y en el desarrollo del rock argentino.

Facundo Cabral. Foto extraída de
la cubierta del LP "América" (1976).
«Mi padre era un tipo "pintón" ("elegante"), de familia rica, con bastante cultura –le comentaba Facundo–. Mi madre era pobre e inculta, y no podía creer que alguien como mi viejo la amara. Después de tres hijos, mi viejo se "piantó" con otra mujer. Fue una maldición. Vivimos dos años y pico en la calle. Allí fue que conocí a Perón, en un desfile. Me acerqué a mangarle trabajo y me mandó a un "laburo" ("trabajo") en Tandil. Y esa fue una bendición, porque me alejó de mi familia, me obligó a despertarme y rebuscármelas solo. En realidad, desde chico anduve en la calle. Y ya sospechaba que si mi padre se había ido, había otro padre, intangible, que no me abandonaba nunca, el mismo padre de los cereales y las ratas. Esa idea inocente fue como un faro en la oscuridad. Todo el tiempo anduve tratando de detectar por dónde andaba mi Gran Viejo».

Recuerdos de su infancia y de su adolescencia que en otra ocasión completó con la siguiente reflexión dedicada a su madre: «Cuando me fui de mi casa, niño aún, mi madre me acompañó a la estación, y cuando me subí al tren me dijo: "Este es el segundo y el último regalo que puedo hacerte: el primero fue darte la vida; el segundo, la libertad para vivirla"».

Con aquella libertad incrustada en su alma, Facundo aprendió a tocar la guitarra y, con ella en ristre, emprendió un camino de búsquedas y de encuentros personales que desembocó en la canción, convertida en una de sus razones de vivir. Camino que él mismo describió, poéticamente, en la carpeta de uno de sus primeros discos, el LP que grabó en vivo, el 20 de marzo de 1972, en el teatro Embassy, de Buenos Aires.

Facundo Cabral. LP grabado en vivo en el teatro
Embassy, de Buenos Aires. 1972
«Después de andar mares y ríos y despertar tantas muchachas 
y ser amante de mujeres y tierras y colores y el agua libre de la fuente
–escribió en aquella ocasión–
abrí los ojos y entendí al océano
y a la generosidad de la cordillera...
y me desbordé al saber del sol, del tigre vital y el caballo salvaje,
del toro y la paloma,
de la vaca, la hierba y la Pampa,
del pecho abierto de mi hermano y las flores,
de ese milagro de amor que es la leche,
de la presencia de Dios y el capricho de la nube,
el asombro por el fuego,
el respeto por la lluvia y el águila...
el sonido de la calma tras el trueno,
el concierto sublime del amanecer,
la sinfonía del atardecer en cualquier parte,
el pájaro que vuelve, el hombre que va siempre...
... Abrí los ojos y entendí el secreto:
Todo eso se juntó en mi guitarra
para continuar la canción que es mi madre».
En 1959, momento en que ya tocaba la guitarra y había empezado a cantar, teniendo como modelo y como referencia a Yupanqui, Facundo se trasladó desde Tandil a Mar de Plata para buscar un nuevo trabajo. Nada más llegar se dirigió a uno de los múltiples hoteles que había en aquella zona turística, y en uno de ellos –el hotel Hermitage–, el dueño le dio la oportunidad de cantar para sus clientes.

En aquel momento su nombre artístico era El Indio Gasparino y, dado el contexto y el ambiente del hotel en que trabajaba, sus canciones, por lo general, era muy de índole muy comercial.

En 1960, decidió trasladarse a vivir a Buenos Aires, y experimentó diversas transformaciones en lo que se refiere a sus planteamientos como compositor y como intérprete: por una parte, cambió de nombre artístico, pasó a llamarse sencillamente Facundo Cabral; y, por otra, le dio un giro a su repertorio, es decir, al estilo y al contenido de sus canciones; un giro de profundo calado ideológico que nació, sin duda, de la gran influencia que ejercieron sobre él personajes como Jesús de Nazaret –al que accedió, parece ser, a través de sus conversaciones con un viejo vagabundo llamado Simeón–, Gandhi, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Arthur Rimbaud o Walt Whitman.

Como consecuencia de aquella transformación, Facundo Cabral empezó a componer canciones de extraordinaria calidad en las que se fundían milongas, vidalas y bagualas, con influencias del folk de protesta –al estilo Dylan– y de la "chanson" francesa tipo Georges Brassens, Jacques Brel o Boris Vian. Canciones que empezaron a convertirse en grandes éxitos; entre ellas, tal vez la más conocida fue "No soy de aquí", de la que se han realizado diversas versiones interpretadas y grabadas por Jorge Cafrune, Alberto Cortez, Pedro Vargas, Neil Diamond, Juliette Greco e, incluso, Julio Iglesias.

Facundo Cabral. LP: "No soy de aquí". Edición española, 1973.


«Me gusta andar…
pero no sigo el camino,
pues lo seguro ya no tiene misterio,
me gusta ir con el verano… muy lejos,
pero volver donde mi madre en invierno
y ver los perros que jamás me olvidaron
y los abrazos que me dan mis hermanos.

Me gusta el sol y la mujer cuando llora,
las golondrinas y las malas señoras,
saltar balcones y abrir las ventanas
y las muchachas en abril.
Me gusta el vino tanto como las flores
y los amantes, pero no los señores,
me encanta ser amigo de los ladrones
y Diana cantando en francés.

No soy de aquí… ni soy de allá
no tengo edad ni porvenir
y ser feliz es mi color de identidad.

Me gusta está tirado siempre en la arena
o en bicicleta perseguir a Manuela
o todo el tiempo para ver las estrellas
con la María en el trigal.

No soy de aquí… ni soy de allá
no tengo edad ni porvenir
y ser feliz es mi color de identidad».


A finales de los años sesenta, Facundo Cabral consiguió un contrato discográfico con la empresa EMI y grabó su primer LP –disco que se publicó en España, en 1973, con el título de "No soy de aquí"–; en aquella álbum pudimos descubrir a un Facundo de lenguaje directo, poseedor de una fina ironía, profundamente crítico y, sobre todo, descaradamente popular, tanto por la aproximación a la realidad cotidiana que desarrolla en sus textos como por sus composiciones musicales irresistiblemente atrayentes.

En 1970, firmó un nuevo contrato con RCA, compañía discográfica en la que editó la parte más importante de su obra; entre sus discos de aquella época figuran "Facundo Cabral" (1970), "Facundo Cabral en vivo" (1972) –disco anteriormente nombrado– y "Facundo Cabral con Waldo de los Ríos", grabado en España.

Facundo Cabral. LP: "Facundo Cabral" (1970).

Y de nuevo, en la vida de Facundo Cabral, se repite la triste y lamentable historia. Con la llegada del año 1976, su presencia en Argentina se hace imposible e insostenible; la dictadura no puede permitir la difusión de su canto, llena de denuncia y de intolerancia frente a la injusticia...; resultado: el exilio, en su caso, a México, donde siguió componiendo sus canciones y desde donde viajó por todo el mundo ofreciendo sus recitales.

Once años más tarde, es decir, en 1984, regresó a Argentina e, inmediatamente reanudó sus conciertos y sus grabaciones; entre estas: "Ferrocabral" (1985) –grabado en vivo en el teatro Regina, de Buenos Aires–, "Pateando tachos" (1984), "Cabralgando" (1984), "Entre Dios y el diablo" (1986), y "Secreto" (1987).

En 1994, Facundo Cabral y Alberte Cortez, con el acompañamiento de Ricardo Millares al piano, montaron un espectáculo conjunto al que titularon "Lo Cortez no quita lo Cabral", que se estrenó en México, en el Teatro de la Ciudad, y que más tarde se presentó en España, en el Teatro Reina Victoria, de Madrid.

Facunda Cabral y Alberto Cortez. "Lo Cortez no quita lo Cabral". Vol. 1 (1994)

Presencia en Madrid que se repitió en el año 2006, con un  concierto de Facundo Cabral en el teatro Gran Vía, y con su participación, como entrevistado, en el programa de televisión "El Loco de la Colina", de Jesús Quintero.


Facunda Cabral con Jesús Quintero en el programa de televisión
"El Loco de la Colina".
Aparte de las obras ya citadas Facundo Cabral publicó un libro disco titulado "No está deprimido, estás distraído" (2005), "Terriblemente solo, maravillosamente libre" (2006), y "Éste es un nuevo día" (2006).

Por último hay que recordar, porque esto le dignifica, que la UNESCO en reconocimiento a su trayectoria artística, a su humanismo y, sobre todo, a su desbordante sensibilidad moral, le declaró, en 1996, "Mensajero Mundial de la Paz".


Personalmente conocí a Facundo a mediados de los años setenta, me reencontré con él en 1995 –compartiendo un inolvidable "asado" con "chumichurri"– y siempre habitará un lugar calentito en mi corazón... Y ahora tan solo una cosita dirigida solo para él:

«Espérame en el cielo corazón,
si es que te vas primero.
Espérame en el cielo corazón,
para empezar de nuevo».