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viernes, 10 de junio de 2011

¡MALDITAS GUERRAS! - 79

Hace unos días buscando una imagen sobre la destrucción que provocan o generan las guerras me encontré con ésta que me causó una gran impresión:



¡Qué tremendo contraste!... La contemplación de esta imagen me trajo a la memoria, en primer lugar, el título de una canción de Luis Eduardo Aute: "Queda la música"; e inmediatamente después unas palabras de Antonio Gala, en uno de sus artículos periodísticos: «Quizá  la música nos hará comprender a los hombres que somos hermanos incompletos; que todos somos un eco de la inaudible voz del cosmos, un compás cada uno de la infinita melodía; un ritmo o una estrofa o un silencio –sin silencio no hay música– de la eterna armonía universal»... ¡OJALÁ!... Tal vez por eso, la MÚSICA es uno de mis grandes pasiones.

PABLO GUERRERO I. Poeta-cantor imprescindible.

Hoy inicio una serie de "cuelgues" –los que sean necesarios– dedicados a PABLO GUERRERO, poeta-cantor al que admiro mucho, y al que considero como uno de los compositores e intérpretes más importantes de la historia de nuestra "canción popular", y, más concretamente, de la historia de nuestra "canción de autor" a partir de lo años sesenta.

Y para comenzar, en este primer "cuelgue" voy a ofrecer una visión global de sus propuestas éticas –lo que me gusta llamar "po-Éticas"–; quiero sintetizar todo lo que de él he aprendido, todos los sueños que me ha contagiado, toda la sensibilidad que ha sabido inyectarme...; aprendizajes, sueños y sensibilidades que sé que comparto con miles de personas.

Con ese fin, voy a reescribir un texto que publiqué en 1988 como prólogo del libro "Pablo Guerrero. Canciones y poemas", de la Editora Regional de Extremadura. (En este texto, todas las frases, o expresiones, que aparecen escritas en letra cursiva pertenecen a letras de canciones de Pablo; es sencillamente mi homenaje a la grandeza ética y literaria de su obra cantada).

Pablo Guerrero. (Fotografía: Juan Miguel Morales).

«En un lugar de este planeta nuestro, en el que aún existen los poetas –para más señas en Extremadura– y en un tiempo de sed y de silencio, entre "amapolas y espigas", estalló una bocanada de lluvia fértil, una voz serena y desbordante, una mirada honda: la mirada y la voz de un "perseguidor de sueños habitado por un rincón de sol en la cabeza"...; y fuimos muchos los que en su voz alimentamos nuestras ganas de vivir...; y en su voz-lluvia –incrustada "a cántaros" en lo más profundo del alma– todavía hoy permanecemos en la esperanza...; tal vez, para siempre, irremediablemente, hasta que un día consigamos "ver nacer a los niños con alas"... El culpable absuelto y querido de tan maravillosa locura se llama Pablo Guerrero.

Caricatura creada
por Alfredo.
Él nos enseñó, en el tiempo de las tinieblas, a "no paralizar el paso" y a creer que "nuestras manos crecen como antorchas que en la noche amanecen"...; con el supimos que "la libertad es mucho más que una palabra escrita en la pared"...; al rescoldo de los sonidos de su guitarra presentimos el "mundo bailando en coro una danza solidaria"...; por su dulce culpa remudamos el alma e intentamos emprender "una vida tan bella como cien televisores apagados"...; en las noches de soledad y de silencio él nos hizo amar a "aquella muchacha triste que tenía en sus zapatos polvo de todos los caminos y cuya mirada era el lugar del mundo donde no había un Vietnam"...; gracias a él pudimos encontrarnos con "Teo, caminando entre dunas"–para siempre niño, para siempre poeta–...; él nos regaló "el ritmo de los besos, las lágrimas que salvan y la fuerza de las olas"...; en su canción vivimos la entrañable compañía del "amigo que un buen día se nos fue buscando el contacto del barro de la tierra"; o de aquel hermano de utopías compartidas al que "le costaba tanto moverse entre las normas de la tribu, y que, en las noches de resaca mala, sacaba de su pipa una paloma"...

Él supo "encender nuestra alegría y nuestra hoguera" cuando presentimos que se acercaba el "tiempo de la vida"... Y supimos reclamar, en su voz, "un país de fronteras siempre abiertas: paraíso callejero de nuevos horizontes y de auroras"...; él, como el mar, nos sigue regalando "sal y yodo", y en su canto –"despojados de todos los disfraces"–, aprendemos a amarnos "mientras el tiempo discurre como agua entre las manos"...; el amor, "sentimiento de luna", "contribución a la dicha de un mundo atribulado".

Todo esto aprendimos y aprendemos del poeta Pablo, poeta extremeño del amor y de los sueños posibles, poeta del agua y del fuego, poeta del barro y de la entraña, poeta de la imaginación y del futuro, poeta troceando utopías y rebeliones que se nos perdían en silencios temporales, pero siempre añorado, buscado y reencontrado como quien "busca a la gente del mañana".

Poeta-Pablo-Hombre: tierno, sencillo, fiel, solidario, coherente, generoso, bueno, entrañable..., ¡amigo!».