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viernes, 17 de diciembre de 2010

"ANFIBIÓTICO". JOAQUÍN CALDERÓN - II

Mi definitiva admiración hacia Joaquín Calderón, como creador con una inmensa sensibilidad y capacidad integradora, surgió en 2005, tras la audición de su disco "Anfibiótico".

Un disco bellísimo y a la vez de una gran complejidad; que te enmaraña y te atrapa en sus vericuetos musicales y del lenguaje, pero que a la vez te incita a alzar el vuelo. Una obra que juega con la libertad expresiva de las palabras y de la música consiguiendo rescatarlas de los racionalismos que a veces tanto las encorsetan y empobrecen.


Quizá, para presentar o para recomendar este "Anfibiótico" bastaría con decir: «Siéntense –o permanezcan tumbados, corriendo o como les de la gana–, pero ¡escuchen!, ¡liberen su pensamiento!, ¡no busquen nada!, ¡espérenlo todo!, ¡permítanse sentir!, ¡merece la pena! ¿no sienten los latidos?».

Aunque con esas palabras sería más que suficiente para presentar el disco, voy a procurar adentrarme en esta obra de Joaquín Calderón desentrañando, en la medida de mis posibilidades y desde mis percepciones, cuál es su grandeza y su misterio. Lo haré separando, inicialmente, letra y música, si bien soy consciente, como luego lo analizaré, de que en este caso, como en ningún otro, la palabra y la música nacen juntas y son inseparables.

Escuchando las trece canciones que componen el disco de Joaquín, me vino a la memoria un texto de Eduardo Galeano, extraído de su libro "Amares". Dice así: «A la "Casa de los Palabras" acudían los poetas. Las palabras guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían, locas de ganas de ser elegidas; ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieran, que las tocaran, que las lamieran. Los poetas abrían los frascos y poco a poco, lentamente, las iban eligiendo».

Esto fue lo que yo pienso que hizo Joaquín cuando se planteó la creación de este disco  –permítaseme la metáfora–: Joaquín Calderón, con sus "23 años de historia y trabajo; años de gente y de amigos; años de música de fondo a los lados y sobre la cabeza; grande y vulnerable; enorme y microscópico"; amado, desamado y por amar;... acudió a la "Casa de las Palabras" –que él la lleva dentro– y las fue rescatando una a una en su esencia, en su identidad... Palabras sensaciones, palabras laberínticas, palabras salvavidas, palabras viscerales, fugas, contradicciones, dudas razonables, destinos inciertos, docemeses, sensaciones, verde, agua, junco, sal, súbito...; y las fue tejiendo... y fue dando suelta, como en un estallido, a sus sentimientos... ¡qué importa el sentido! ¡es la vida! ¡la vida en las palabras!
Ilustraciones e imágenes de Ana Martínez que completan el fantástico
mundo de Joaquín Calderón en "Anfibiótico"
Y después, o tal vez al mismo tiempo, o antes quizá, vino la música, y fue recatándole a cada palabra su musicalidad y su sentido –entrelazándolas, sublimándolas, ensalzándolas–..., o tal vez fueron las palabras las que fueron insinuándose y provocando a la música...; el caso es que palabra, música y canto –como si fueran el misterio de la Santísima Trinidad– se hicieron "uno y trino" ¡inseparables!...; y "de esa unión de tres en uno" nació la armonía y la belleza contra el desorden, contra la contradicción...; misterio de unidad, de belleza y de armonía del que en "Anfibiótico" son hermosamente responsables Xavi Reija, David Peral, Jesús Lavilla, Luis Navarro, Pablo Prada, Ismael Sánchez, Jordi Gil, Paco Lobo, Santi Camps, Fernando Lamadrid, Adolfo Langa, Chiqui Calderón, Javier Ruibal, Carlos Chaouen... y Joaquín Calderón.

Ahora Joaquín tiene reciéntemente finalizado su  nuevo disco, se llama "ANVERSO"...; creo que pronto podremos gozar de él...; de momento, quiero que sepa que aquí está uno de sus "fans" que está esperando el nuevo disco "pa echarle un cuelgue".

CURIOSIDADES

En el "cuelgue" que dedicaba ayer a Joaquín Calderón –"cuelgue" es el sinónimo de "post" que he decidido utilizar a partir de ahora– hacía una referencia a los discos del género "canción de autor" que se grabaron en España en los años 1978 y 1982. Esos datos están tomados de un estudio que realicé en 1998 y que publiqué en el libro "Crónica cantada de los silencios rotos". La gráfica resultante de aquel estudio fue la siguiente:
(En esta gráfica, como puede observarse, sustituí el término "canción de autor" por el de "canción social", pero en realidad, en el contexto de aquellos años, pueden considerarse como términos equivalentes).

Comentamos brevemente la gráfica: En ella se pueden constatar los siguientes hechos:

• En primer lugar, el significativo crecimiento discográfico que se produjo, incipientemente en 1974 y, sobre todo, durante los años 1975 a 1977.

Dos fueron las causas que motivaron y permitieron, en esos años, el creciente número de grabaciones. Por una parte, la finalización de la dictadura, la suavización de la censura y la puesta en marcha del complejo proceso de transición democrática; y, por otra, la percepción, que hicieron algunas empresas discográficas, sobre la "línea de negocio" que podía suponer aquel tipo de "producto contestatario" en un contexto social –o de mercado– en el que la demanda de las "libertades" empezaba a extenderse y a ser un reclamo cada vez más generalizado, y por tanto, más consumible.

• Un segundo hecho que se puede constatar en la gráfica es el contrario, es decir, el progresivo descenso que se va produciendo, respecto a las grabaciones discográficas, a partir de 1977 –año en que se celebraron las primeras elecciones democráticas–, y sobre todo a partir de 1978 –en el que se aprueba la Constitución–; descenso que, por ejemplo, llegó a provocar que en 1981 y 1982 se editaran prácticamente el mismo número de discos que en 1973 y 1974, es decir, en plena dictadura y con la censura actuando de forma implacable.

La causa principal de este descenso es evidente: fue un cambio de estrategia adoptado por las empresas discográficas al hacerse conscientes de que las "libertades fundamentales" estaban en un camino de normalización y empezaban a convertirse en un tema central y público de los debates parlamentarios. La "contestación" y las "reivindicaciones" cantadas ya no eran una "línea de negocio" que ofreciera una clara rentabilidad; era mejor airear una "crisis de los cantautores" y desviar la inversión empresarial hacia productos musicales más comerciales, es decir, menos serios y "trascendentes".

Así fueron las cosas. Lo bueno que tiene la estadística es que nos ofrece datos irrefutables.